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a Paz desierta y vigilada, como nunca antes, en el mes de abril. Foto:Archivo / Página Siete
a Paz desierta y vigilada, como nunca antes, en el mes de abril. Foto:Archivo / Página Siete

Abril 2020: cuarentena y miedo paralizaron por primera vez todo el país.

Las oficinas y los colegios se cerraron, se instituyó la vida virtual. Las ciudades bulliciosas se convirtieron en páramos controlados por las FFAA.

Abril fue el primer mes completo de cuarentena rígida en Bolivia. Por primera vez, los ciudadanos tuvieron que permanecer en sus casas,    las oficinas se cerraron,  se instituyó el teletrabajo y se organizaron redes solidarias de abastecimiento. Las ciudades, siembre bulliciosas, se convirtieron en páramos  de miedo. Para los bolivianos la vida  no volvió  a ser la misma.  

El 22 de marzo, 12 días después de que se detectaran los dos primeros casos de coronavirus en el país, el gobierno transitorio decretó   cuarentena nacional estricta. La medida, que apuntaba a bajar la curva de contagios y equipar centros de salud para la atención de pacientes, se amplió  mediante decreto supremo hasta el 30 de abril. Las ciudades se llenaros de militares.

Hasta junio hubo más prórrogas diferenciadas por regiones; pero la cuarentena de abril marcó con fuego y miedo la dimensión de la pandemia. A la imposibilidad de muchos de salir a las calles para ganar el sustento, se sumó la escalada acelerada de casos y un débil sistema de salud.  

Pero la crisis sanitaria fue más allá. “El aislamiento prolongado causa en el tiempo estrés, angustia y depresión. A ello se sumaron durante la cuarentena rígida la incertidumbre y ansiedad sobre el futuro. La vida de los bolivianos, como de todos los habitantes del mundo, no será la misma”, explicó el psicólogo Ramiro Valda.

Una de las caras más duras de la cuarentena fue la prohibición de las ceremonias fúnebres. Por la pandemia, los entierros tuvieron que ser rápidos, con pocos dolientes y sin velorios.


    “Ahora todo es muerte; cada día se va gente cercana”, comentaba el 19 de  abril Julia Ramos. Una semana antes, esta madre de   35 años había asistido  a la misa virtual de su tío. “Ni siquiera puedes llorar a tus muertos mientras te ocupas en proteger a tus hijos y trabajar”, lamentaba. 

“Los ritos de despedida a los muertos son fundamentales para procesar el duelo. Su ausencia incrementa la angustia ante la pérdida afectiva”, aseguró Valda. Por ello, cuado comenzó el desconfinamiento, los cementerios se llenaron de dolientes y aún muchos exigen que se rebelen los nombres de quienes fueron enterrados en fosas comunes debido a la emergencia. 

 Esos días,  el silencio de las ciudades sólo era roto por el ruido de motores de alguna moto de delivery. Las empresas de ese rubro se reforzaron y surgieron otras nuevas.

Los repartidores que llevaban alimentos, medicamentos y otros productos a miles de familias, permitiendo así que éstas tengan acceso a diferentes bienes sin necesidad de salir de sus casas ni de exponerse al virus. Sin embargo, muchos de los repartidores fueron eventuales  tuvieron que trabajar en la desprotección sanitaria y laboral.

Con el encierro crecían también las formas de camuflar la soledad con una pantalla. Las reuniones virtuales  popularizaron y los eventos en plataforma como Zoom se hicieron comunes.

  “No queda otra, es el único modo de ver a los amigos y no sentirte tan solo; también se ha vuelto una modalidad de trabajo”, confiesa Roberto Vargas. Con casi 60 años, admite que no es afecto a  la tecnología y que le ha costado entenderla a medias para dar  clases dos veces a la semana.

Pero no todo es positivo en el nuevo mundo virtual que impuso la pandemia. En muchos casos, los teletrabajadores han sentido que sus horas de labor se han extendido y que el estrés laboral ha ingresado en sus hogares. Los alumnos y padres de familia, por su parte, han tenido problemas adaptándose al cambio de paradigma que suponen las clases virtuales frente a las presenciales.

Muchas quejas se originaron en  los limitados servicios de internet disponibles en el país, los cuales se convirtieron  en un cuello de botella para muchos trabajadores, que aún  pelean cada día con sus proveedores de servicio. Con la cuarentena, surgió la necesidad de conexión.

Entre el miedo y el dolor por la escalada de casos en abril, también se sentía la nostalgia de rutinas que cambiaron abruptamente.  “Lo que realmente extraño  es la oferta de ocio: partidos de fútbol, cines y teatros. El coronavirus nos ha quitado también esos espacios tan necesarios y que te hacen feliz”, recalca el docente Vargas.

Con la cuarentena se cortaron el fútbol, el cine, el teatro y los restaurantes. Ante la necesidad surgieron formas de adaptarse o crear  formas alternativas de subsistencia: los conciertos se hicieron  virtuales; los festejos, mediante una pantalla.

La cuarentena despertó la solidaridad de los bolivianos. Se formaron grupos de ayuda a personas de la tercera edad que no podían salir para abastecerse; se armaron mercados móviles y redes vecinales de ayuda. Lo peor estaba aún por llegar. 

Un mes de encierro, preludio de tragedia
 

DS El Decreto Supremo 4229 amplió el plazo de la cuarentena total dispuesto por DS 4200,  hasta el día jueves 30 de abril de 2020, en todo el territorio del Estado Plurinacional de Bolivia, en el marco de la emergencia sanitaria. 
 

Control Se estableció toque de queda y turnos, según carnet, para el abastecimiento. Se cerraron escuelas y oficinas, además de restaurantes, cines y otros. Las del orden fueron las encargadas del control.

62 decesos acumulados por Covid se registraron el 31 de abril en todo el país. Debido a la cuarentena rígida se prohibieron los velatorios y se instruyeron entierros rápidos y con poca gente. La pesadilla apenas comenzaba. 
 

 50 municipios presentaban casos de Covid en abril. El más afectado era entonces Santa Cruz; sin embargo, ya comenzaban a colapsar los servicios de salud y los médicos pedían insumos y personal para combatir al virus.

Fuente: Página Siete

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