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Hasta 4 escolares se turnan por un celular para clases virtuales.

La historia de 3 familias: una con cuatro niños y otra con tres que deben pasar sus materias de forma virtual y no tienen celular. A la última, un vecino le presta equipo.

Ninguno de mis tres hijos participó aún de las clases virtuales. No tienen celulares”, manifestó María Fernanda Camacho a dos semanas del inicio de la gestión educativa en el país. Ella tiene tres hijos en primaria: Mariel en quinto, Fabricio en tercero y Santiago en primero de primaria.

Este año el Gobierno declaró el año de la recuperación del derecho a la educación. Sin embargo, desde el inicio de gestión se reportan dificultades por falta de equipos tecnológicos y de acceso a internet en muchas familias bolivianas.

La familia de María Fernanda lo vive en carne propia, porque tienen solo un dispositivo que lo ocupan en el trabajo y no tienen posibilidades de comprar otro para que ocupen los niños en sus clases.

Ella explica que se dedica a limpiar casas y necesita su celular para contactarse con sus clientes que, por lo general, le hacen peticiones. Su turno de trabajo es en la mañana, justo cuando sus hijos deben pasar clases y por eso está buscando la forma para que no se sigan atrasando. Cuenta que habló con una de las profesoras y ahora le manda tarea a su hijo de primero de primaria, ella la descarga en la mañana cuando tiene wifi en su trabajo.

Agregó que acordó con la maestra de su otro hijo ir al colegio a recoger los prácticos impresos.

Por último, reconoció que su hija mayor aún no pasó ninguna de sus clases virtuales por falta de teléfono.

El esposo de María es albañil y no está en casa durante todo el día. Así que ella por la tarde ayuda a sus hijos con las tareas. Los tres pequeños comparten una mesita para hacer los deberes o siguen en el teléfono las instrucciones de la maestra de Santiago, solo para acompañarlo, pues ellos están en otros cursos.

Esta familia vive en el barrio Ambrosio Villarroel, comparte una habitación, donde solo hay dos camas, una para los padres y la otra para todos los hermanos.

El año pasado atravesaron similar problema en las clases. Aunque se vieron obligados a suspenderlas tras que se declaró cuarentena rígida, en ese entonces no tenían ningún equipo.

El año pasado, a finales de julio se clausuró la gestión educativa en el país y se declaró la promoción automática de curso. Ese año, desde finales de marzo los maestros y escolares tuvieron que pasar clases virtuales.

En esta gestión se fijaron tres modalidades: distancia, semipresencial y presencial, de acuerdo al ritmo de contagios de coronavirus en cada zona.

Por turno

En el barrio Ambrosio Villarroel también vive la familia de Gabriela Ander Acapa, quien tiene cinco hijos, de los cuales cuatro están en edad escolar y solo tienen un teléfono.

Todos están en el turno de la mañana, para que pasen clases nos estamos turnando, por horitas. Un rato pasa uno, me salgo de la clase e ingresa el otro a su clase. Estamos viendo la forma de que avancen”, explica.

Ella vende dulces en los micros para poder ganar dinero. “Igual vendemos donas, todingo”, la interrumpe su pequeño de menos de seis años.

Su esposo Javier Baltázar es payasito, por lo que con el inicio de la pandemia están más limitados de recursos, pues no tiene trabajo.

Viven en una casa con cerca de restos de madera, adentro solo tienen dos habitaciones. Estos días la familia tiene más necesidades, pues recién nació la menor de la familia y los gastos se incrementaron aún más.

Ajenos a las dificultades diarias, todos los niños de la familia tienen con frecuencia una sonrisa mientras comparten una mesa para hacer la tarea, con los pocos útiles escolares que tienen.

Al fondo hay un carrito para vender comida, el cual tampoco pueden ocupar por el temor a que se los decomisen en estas épocas de restricciones.

Según la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) hasta el primer semestre de 2020 el número de conexiones ascendió a 10,1 millones en Bolivia, de ellas 9,3 millones son móviles. Sin embargo, esta aún no llega al total de la población, que debe cubrir primero necesidades básicas.

Un vecino solidario

Otra familia con dificultades es Villavicencio Vargas. Aunque la solidaridad de un vecino permite que al menos uno de los estudiantes pueda pasar clases a diario. Cada tarde, el vecino de la zona, Marco Antonio lleva su celular a la vivienda para pasar clases con Diego Leando Villavicencio, uno de los seis hijos que tiene esta familia. Ambos pequeños están en sexto de primaria en la unidad educativa Ernesto Moreno, por la Radial 19.

La madre, María Alejandra Vargas explicó que el año pasado igual el pequeño vecino los acompañaba y en el caso del pequeño solo le mandaban tarea porque entonces no tenían ningún celular.

El resto de hijos de la familia pasa clases virtuales en la mañana. Uno de ellos, Rouse Edru, que está en kínder. La otra es María Alejandra, que está en secundaria, quien asegura que tiene las mejores calificaciones, pese a las limitaciones, por lo que buscan la forma de conseguir una beca.

Vargas comentó que ya habló con las maestras de sus hijos que pasan clases en la mañana, para que puedan turnarse días para las sesiones virtuales.

“Ya le expliqué a cada profesora que un día va pasar uno de mis hijos y al siguiente día el otro. Para que no se atrasen ambos”, insiste a tiempo de explicar que el único celular que tienen lo ocupan en la mañana y esto les significa un gasto diario de al menos Bs 10, por ello considera que la plataforma que eligieron para clases consume rápido los megas.

Ella a diario hace gelatina de pata para generar ingresos para su familia y su esposo es albañil, pero no siempre tiene trabajo. Viven en un pequeño terreno, pero que es propio. La familia, además de los niños en etapa escolar, tiene mellizos de solo seis meses.

Más campañas solidarias

Ante las necesidades, diversas instituciones impulsan campañas para recolectar celulares o computadoras en uso para luego donarlas a las familias de escasos recursos. Una de las campañas que inició el anterior fin de semana es impulsada por la Sociedad Boliviana de Ingenieros (SIB) a través del Colegio de Ingenieros de Tecnología de la Información (CITI). Se prevé que este fin de semana se pueda ayudar a las primeras familias.

Otra campaña por la educación es impulsada por voluntarias en el Oncológico. La responsable, Beby Bañon explicó que requieren 16 equipos y realizar mantenimiento a una computadora para que niños con cáncer puedan retomar las labores de forma virtual.

Esta campaña es impulsada por Manos en Acción-Bolivia y Escuelita para la Vida Intrahospitalaria, se puede contactar al 678-96223.

De forma paralela también impulsan la recolección de materiales educativos, como cuadernos, colores y otros.

Contactos con las familias

La familia de María Fernanda Camacho tiene el número 620-15418; de la familia Villavicencio Vargas es 615-06075 y de Gabriela Apaca tiene de
contacto el 766-34153

Fuente: El Deber

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