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Gringo Gonzales: «No todos los políticos son delincuentes ni maleantes».

Habla de su paso por la política por más de una década. Muestra que nuestro sistema político es como una máquina que “chupa” incluso a quienes llegan con buenas intenciones.

Haber cruzado el río para embarcarse en el bando de la política por una década y, ahora, retornar como el hijo pródigo a los brazos del periodismo  para redimirse, son para él situaciones minadas de cosas complejas. De veredictos ligeros e incomprensiones.

Lo sabe y se notan sus miedos. Y comprende a quienes lo condenan el haber cambiado su oficio por el de la política, un mundo tan maltrecho y tan desprestigiado. Por años había ejercido el periodismo con total integridad. Se ganó un nombre y prestigio. Se ganó una audiencia que lo amaba y que ahora él siente le ha dado la espalda. 

Sin embargo, tiene un arma con la que -confía él- puede reconquistar a su público: nadie puede acusarlo de haber cometido un acto de corrupción durante los 10 años que estuvo en cargos públicos. Es más, su austeridad y transparencia hicieron que incluso parlamentarios de su partido lo quisieran lejos.

José Alberto Gringo Gonzales ha roto esquemas. Ha intentado hacer su propia revolución. Apenas fue nombrado presidente de la Cámara de Senadores había dos vagonetas con sus choferes a su disposición, los hizo guardar. Tenía ocho policías destinados a su cuidado. Los despidió. Sólo quedó uno. Tenía tres edecanes, de la FAB, de la Armada y del Ejército. Los despidió. No los necesitaba.

Rechazó el teléfono inteligente que fue entregado a cada uno de los senadores, porque él ya tenía uno, aunque “antigüito”. De cada viaje que realizaba, devolvía los viáticos que no gastaba. 

De su casa al trabajo, iba en trufi o micro. Todos los días. A veces, cuando sabía que estaría hasta tarde en el Senado, iba en su viejo Ford Escort modelo 88.

“Después de estar dos semanas en el Senado, un ministro de Evo me dijo: ‘Dejá de hacerte el payaso’. Un día lo encontré a este señor, que era ministro de otra área, y le dije: ‘mirá, ya son cuatro años que estoy haciendo de payaso’”.

Al final de su paso por el Senado, comprendió que estaba arando en el mar,  que era  un llanero solitario en un espacio chacotero. Comparó el sistema con una máquina “que acaba por chuparte”. 

De eso y más habla en esta entrevista  Gringo -esposo, padre de una hija que trabaja en televisión y abuelo de un nieto  de 16 años-, a quien la bruma del poder no pudo envolver y quien tampoco tiene reparos en expresar sus afectos políticos e ideológicos.

Habiendo estado dentro de la política, ¿la política está irremediablemente enferma?

Yo creo que existe una visión muy equivocada y muy distorsionada de quienes entran a la política. Creo que ese es el primer problema. La gran mayoría llega con las mejores intenciones, para tratar de ser una contribución para mejorar la vida de los bolivianos, pero se encuentra con una máquina que termina chupándote.

¿Qué significa eso?

La política es necesaria. Lo que está fallando  es que infelizmente mucha gente se acerca a la política pensando que podría ser de pronto la solución para su vida. Yo me meto en la política como asambleísta o en el Ejecutivo y resuelvo mi vida. Robo, hago negociados, favorezco a mi empresa,  a mi familia, a mis amigos y me arreglo para toda la vida.

Por todo esto la gente tiene la imagen de que todos los políticos son unos maleantes, unos delincuentes. Yo te digo, no todos son delincuentes ni maleantes. Quizá  estén en un ámbito donde se estén dando las condiciones para que haya cierto ejercicio de corrupción, que es evidente.

¿Cuán enferma está la política? Le voy a señalar un  caso que muestra que en política se permite todo. Reynaldo Ezequiel y su familia han sido enjuiciados por lotear un terreno en Santa Cruz. Se apoderaron del lote. Levantaron una construcción. Pero salió una sentencia y demolieron esa construcción. Ezequiel fue candidato a diputado por el MAS.

Pareciera que al MAS lo que  más le importa es que una persona sea fiel, que levante la mano,  no importa si es delincuente. ¿Está enferma la política?

Entiendo. Son episodios que se registran y a veces puede dar la impresión de que todo el tiempo es así. Hay un refrán que dice: “caras vemos, corazones no sabemos”. El propio Evo me decía siempre: “yo de buena fe elijo compañeros para que ocupen ciertos cargos, pero después los desconozco porque se transforman. Compañeros que eran comprometidos, honrados, de pronto se vuelven maleantes”.

Yo creo que ese es el drama de la política, del líder, de la organización, de la dirección, que no encuentra a la gente adecuada.

Yo no creo que Evo  sea un maleante, un ladrón, no tengo  duda de que Evo no es nada de eso. Entonces, siguiendo el ejemplo de Evo, yo no puedo ser un ladrón, un maleante, tengo que hacer lo que el Presidente me está diciendo con su ejemplo.

Sobre Evo, le recuerdo lo siguiente. Evo Morales no faltó a ningún Mundial. Estuvo en el de Sudáfrica (2010), Brasil (2014) y Rusia (2018) a pesar de la ausencia de Bolivia en esos mundiales. Es más, también se fue a la Copa América en EEUU (2016). Siempre encontró o buscó un motivo para justificar esos viajes. ¿Eso no es deshonesto?

Yo preferiría que te conteste él. Yo no puedo responder por qué fue a esos mundiales.

¿Qué  hacer frente a un sistema político como el nuestro?

Están los mecanismos de control, como la Ley Quiroga Santa Cruz, la Ley Safco. En el Senado teníamos nuestro reglamento de ética, pero era muy complicado avanzar con ese reglamento y había una suerte de presión y protección a la persona que cometía  infracción. Siempre hay un resquicio por donde la gente zafa.

La función natural del Legislativo es fiscalizar, principalmente al Ejecutivo.  ¿Cuán real es la fiscalización en el país?

Yo no he podido hacer mucha fiscalización porque la verdad es que cuando eres presidente del Senado, el tema administrativo te come todo el tiempo. Lo que sí he tratado de privilegiar es el tema de legislación. La posibilidad de avanzar, por ejemplo, en el tema de Código Penal, que nos ha ocupado horas y semanas.

En términos de fiscalización quizá había más énfasis en ver los intereses de tu sector. El cooperativista tenía más preocupaciones para su sector, etc. La mirada era parcializada y eso no es bueno. Es buena la diversidad, pero un legislador no puede abstraerse de los temas nacionales.

Pero, ¿realmente el Legislativo fiscaliza al Ejecutivo?

Parte de la práctica de tener el control de los dos tercios en la Asamblea te lleva a eso (ausencia de fiscalización). Es inevitable. Se han hecho intentos de parte de los senadores con peticiones de informe oral y escrito. Pero sí, probablemente se ha relajado eso, la posibilidad de hacer un ejercicio fuerte de fiscalización. 

También los debates ya no existen. Viene una ley del Ejecutivo y adentro.

Lo de las leyes es distinto. Se hacen sesiones, comisiones, van las autoridades a explicar.

Usted ha estado de acuerdo con la reelección de Evo…

Yo apoyé la posibilidad de que Evo se reelija. Es un tema político, no  moral. Es una interpretación política. Yo consideraba que Evo era el que te garantizaba que el Estado siga avanzando por un buen camino.

Es decir, ¿está de acuerdo con la interpretación del TCP?

Mira, es lo que se ha hecho en otros países como Nicaragua y Costa Rica.

Pero sólo esos. La gran mayoría de los países firmantes del Pacto de San José no hicieron esa interpretación y rigen sus acciones a sus constituciones.

De acuerdo, pero había un camino que permitió que en otros países puedan volver a elegir a sus presidentes. Mira, esto lo ha analizado la propia OEA. No creas que el equipo jurídico de la OEA no lo ha analizado. Era una sentencia que era incuestionable. Almagro dijo: “¿Por qué quiere sacarlo a Evo?, ¿porque es indio?”, eso dijo aquí en Bolivia.

Independiente de las interpretaciones jurídicas, siempre he considerado que Evo era la persona que te podía garantizar la unidad dentro del MAS, dentro del gobierno y afuera. Posiblemente Evo en el último tiempo perdió la posibilidad de acercarse a ciertos sectores producto de mil factores, producto del ejercicio del poder, que te desgasta siempre. Evidentemente había sectores que ya no toleraban la presencia de Evo y lo manifestaron claramente en el 21F.

¿Qué significa el 21F?

La gente probablemente sintió que había un valor que no había que tocar, que es lo que establece la Constitución. De pronto (la reelección) era dar un paso a algo raro. Creo que mucha gente de la sociedad defendió ese valor (de la Constitución). Evidentemente también funcionó  la dura campaña contra Evo para minar su moral con el caso Zapata y otras cosas.

Pero en el caso Zapata se dio una posverdad, Gringo. Evo dice, así como todo su entorno, que el caso  Zapata es  falso. Y en realidad, no era una falsedad.

¿Qué parte no sería una falsedad?

Primero. Evo  admitió que tuvo un hijo. ¿Acaso mintió?

Seguramente mintió pues, ¿no? Porque después se comprobó que nunca hubo el hijo. 

Evo admitió que tuvo un hijo. Segundo: García Linera dice que Evo  visitó a su hijo y su entorno de ministros afirmó lo mismo. 

Sí, sí, sí. Lo recuerdo todo.

Tercer hecho: había un certificado de nacimiento…

Que era falso…

Nunca Evo dijo que ese certificado era falso. Después del escándalo, él nunca salió a decir que  era falso. Simplemente, después de un largo tiempo, lo hicieron anular, después de que se sembró la posverdad de que todo era falso. Entonces, si todo era falso, Evo mintió.

Que eso concluya la gente…

Otro elemento más. Cuando se conoció el caso, Morales admitió que tuvo una relación sentimental con Zapata. Y es en torno a esta relación que ha girado todo el caso CAMC. Lo del hijo incluso pasa a segundo plano. El escándalo del favoritismo hacia Zapata tenía que ver con la relación de ella con Evo. Esta relación no era falsa.

No quisiera entrar en el análisis del caso. Posverdad o no posverdad, mi lectura es que eso le ha afectado a Evo. Eso influyó en el ánimo del votante. Hubo mucha gente que se enojó, que dijo: “cómo un padre insensible no le ha ido a poner a su hijo unas flores en el cementerio. Ahora voy a votar contra Evo”. Y otro elemento que también me animo a encontrar es que hubo  gente dentro del MAS que no estaba convencida de que lo mejor era que Evo siga.  Estos y otros temas han sumado para que no se pueda obtener un mejor resultado el 21F.

Lo anterior no tiene que ver con el espíritu de la norma. Como dijo García Linera, aun ganes con un voto, debes respetar el resultado. 

Yo no estoy cuestionando eso. El resultado del referendo es inapelable. La mayoría del pueblo ha dicho que no estaba de acuerdo con que se pueda ir a una reelección. Eso estaba clarísimo.

Y se debía respetar el resultado del 21F.

Bueno, viéndolo desde aquí, la respuesta lógica es sí.

Evo no respetó ese resultado. 

Bueno, se hizo la sentencia constitucional que lo habilita apelando a otro camino que, reitero, fue usado en otros países, pocos países, pero ya hay jurisprudencia.

Eso es un subterfugio… 

Eso da para lecturas. Eso era un camino más.

Llegar a la presidencia del Senado es la mayor aspiración de muchos parlamentarios.

No era la mía…

¿Por qué renunció?

Estaba muy cansado. Y acusas cansancio no por ir todos los días a trabajar. Estoy acostumbrado a trabajar muchas horas. Estaba cansado por el ejercicio de tratar de remar y remar, pero hay gente que rema a otro lado. Eso te cansa, te agota. Vez que hay cosas que quisieras hacer, pero no puedes hacerlo solo. No te tiran pelota. Supuestamente eres el tercer hombre del Estado, pero eso es de mentiritas. Las decisiones se toman en otras instancias. Estás en un colectivo donde se supone que hay un ejercicio vertical de las cosas. 

¿Hay verticalidad?

La política es así. Sino, ¿cómo funcionaría? Y no sólo en el MAS. Cualquier diputado que desacataba era puesto en la congeladora. Es una estructura vertical donde tienes que acatar lo que se dispone. Personalmente nunca he estado en una situación de tener que acatar algo que esté en contra de mis principios. Me hubiera salido antes.

Ahora vuelve a los medios después de haber cruzado el río. ¿Cómo vive este retorno?

Es complicado. Es difícil. Siempre recuerdo lo que dijo Javier Darío Restrepo (periodista, autor de una treintena de libros sobre ética periodística) que decía: “Periodista que va a la política y quiere volver, vuelve cojo”. Yo creo que va más por el tema de la credibilidad. El principal activo de un periodista es la credibilidad.  Admitiendo esa dificultad, estoy pidiendo crédito, la posibilidad de que no he vuelto para engañar a la gente, sino para tratar de buscar la verdad. No voy a hacer partidismo político. 

Haber salido sin manchas de la administración del Estado me da más argumentos para pedir esta oportunidad.

Yo siempre tuve un posicionamiento ideológico. Voy a tratar de abstraerme de eso. Parte de mi desafío será ese. Voy a hacer el esfuerzo de curar heridas. El periodismo me da la felicidad. Mi felicidad no es la política. El periodismo me hace feliz.

Fuente: Página Siete

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