Inicio / Política / Doria Medina y Tuto siguen firmes. Ni Carlos Mesa ni Luis Fernando Camacho han asumido jefatura de oposición, mientras que los críticos de la misma vereda ideológica van desapareciendo.

Doria Medina y Tuto siguen firmes. Ni Carlos Mesa ni Luis Fernando Camacho han asumido jefatura de oposición, mientras que los críticos de la misma vereda ideológica van desapareciendo.

Han pasado menos de tres meses desde que Luis Arce Catacora asumió el poder constitucional de Bolivia. Desde entonces los análisis se han centrado particularmente en su forma de repartirse el poder con Evo Morales, que al día siguiente de la posesión de su sucesor, ingresó al país en una caravana fastuosa que duro tres días.

No fue tan difícil como algunas crónicas especularon: Morales asumió el poder del partido y Arce el del Gobierno, que a la vez tuvo un sub reparto: lo político para Morales, lo económico para Arce, lo demás para Choquehuanca, y así empezaron a andar.

Como el foco estaba en Morales, que se dedicaba al partido, no tardaron en aparecer los conflictos dentro del partido, esta vez con una virulencia inusitada que se agravó a la hora de nombrar candidatos a los diferentes cargos. Todo empezó siendo muy contestatario y Morales, consciente de que le falta democracia interna, se inventó una suerte de primarias con tres precandidatos en todas las departamentales cuya pugna desencadenó en broncas varias. En departamentos como Tarija y Santa Cruz hubo pulso hasta el final abriendo numerosas heridas, en La Paz se produjo la temida escisión con Eva Copa, que sí quería ser candidata a la alcaldía de El Alto. Los números dicen que Evo pudo imponer su voluntad en pocos lugares.

Mientras, Arce avanzaba tranquilo en la gestión de Gobierno, apagados los focos iniciales de la “batalla de pegas”, donde se pedían Ministerios y Estatales, aunque en el horizonte se vislumbraba un desencuentro que podía convertirse en “la madre de todas las batallas”: el diferimiento de créditos llegaba a su fin y el MAS hecho ahora gobierno no pretendía en absoluto ampliarlo, como sus bases demandaban, pero para eso hacía falta que alguien canalizara la demanda… y nadie pareció atreverse a confrontar con los bancos.

Oposición intrascendente

Los estrategas debaten si es mérito del MAS, una consecuencia del sistema presidencialista, una incapacidad o una estrategia, pero en lo que coinciden todos es en que la oposición política se ha diluido en apenas tres meses de ejercicio.

El sistema es así. El candidato derrotado en la pugna presidencial queda fuera de la legislatura y tiene que optar por volver a sus negocios, jubilarse o buscar otro acomodo en las subnacionales. Inicialmente, claro, se compromete a “mantener vigente su proyecto” y ejercer la “labor responsable de oposición”, pero el tiempo pone a cada uno en su lugar.

El único opositor capaz de seguirle el ritmo al MAS ha sido Samuel Doria Medina, empresario cementero, hostelero y gastronómico inmensamente rico que ha consagrado su vida a la oposición política, ya que tiene los medios para hacerlo.

Más intermitente ha sido Tuto Quiroga, especialista en aparecer en los momentos de alta tensión o para las citas electorales, donde suele aportar una serie de ideas de alto contenido ultraliberal, como lo de repartir YPFB entre todos los bolivianos, etc., que suenan a patrocinio o consultoría internacional de alto voltaje.

En este grupo de opositores “subvencionados” se encontraban desde siempre los Demócratas de Rubén Costas y Óscar Ortiz, pues a través dela oposición nacional se aseguraban el peso suficiente en Santa Cruz como para mantenerse vigentes.

Los del mismo lado

El MAS está siendo capaz de sobrevivir a sus críticos dentro del espacio nacional popular. El último en fallecer ha sido Felipe Quispe, El Malku, que nunca creyó en la Plurinacionalidad y apenas en el concepto de Bolivia, y sí en la supremacía aymara desde postulados ideológicos radicales de Justicia Social. Antes falleció Osvaldo Chato Peredo, que retornó al MAS en 2020 precisamente por la necesidad de mantener un bloque de unidad frente a la derecha, pero que antes había sido muy crítico con Álvaro García Linera por haber permitido “la infiltración” ideológica del MAS.

En esa línea también estuvieron Filemón Escobar o Andrés Soliz Rada, que muy nítidamente señalaron caminos para la revolución por los que el Gobierno fue zigzagueando en función de sus intereses – o los de otros -.

Los últimos en llegar

La elección de 2020 en la que algunos creyeron que se iba a arrebatar el poder definitivamente al MAS debía haber dejado al menos tres figuras de oposición en el tablero, aunque ninguna demasiado nueva y ninguna ha acabado de cuajar.

Carlos Mesa venía siendo también un opositor ocasional también financiado por el Estado en sus últimos tiempos, como desde la vocería de la causa marítima. Negó sus intenciones hasta el día después de perder de nuevo el mar, y ahí lanzó su candidatura. Después de dos años de campaña, Comunidad Ciudadana no superó el 30% de los votos en 2020 después de haber acariciado la segunda vuelta en 2019. Entre las causas de su derrota se identifica su aislamiento social. Desde ahí parece dispuesto a dirigir la oposición, vía Twitter, pero ni Cecilia Requena ni Carlos Alarcón logran aglutinar lo suficiente.

Las otras dos figuras de la oposición del ciclo 2019-2020 sí aspiran a mantenerse vigentes y con subvención estatal, pero desde sus regiones. Luis Fernando Camacho confirmó su candidatura a la Gobernación de Santa Cruz en tiempo record, pues era obvio que incluso su campaña nacional se destinó a ello. Lo curioso es que tiene una bancada numerosa, pero que no sabe para qué la va a utilizar.

Por su parte, Jeanine Áñez también aspira a ser gobernadora, ahora del Beni, y no tiene bancada en la Asamblea, pero sí una legión de seguidores en redes sociales que intenta utilizar para crear opinión e influir en política´. No está claro cuál será el recorrido que tenga Áñez si finalmente no logra el espacio deseado.

Fuente: El País

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