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Foto:Archivo ABI
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Cae la inversión extranjera y Bolivia toca fondo.

En el país, la inversión extranjera directa se redujo en $us 540 millones en 2019, lo que dio un resultado negativo de $us 237 millones.

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La importantica de contar con capital extranjero para una economía, sobre todo aquellos en vías de desarrollo, radica en que es una fuente complementaria a la inversión privada y pública locales, contribuye con el acceso y ampliación de mercados, con la trasferencia de tecnología y know how administrativos y de marketing, fortalece las reservas internacionales de divisas con la entrada de dólares y con la creación de empleos; además, el hecho de que se tenga una entrada importante de capital cualifica la imagen del país receptor, en aspectos como seguridad jurídica, previsibilidad y estabilidad  social y política. La  Cepal acaba de publicar el informe 2020 de la inversión extranjera directa (IED) en América latina y el Caribe con datos a 2019. E aquí extractos más sobresalientes del Informe:  

Después de dos años caracterizados por fuertes caídas, los flujos de  IED en la economía mundial crecieron levemente en 2019, aumentaron un 3% y alcanzaron $us 1.54 billones;  los países desarrollados captaron $us 800 mil millones, en 2018 recibieron $us 761 mil millones, los países en desarrollo recibieron $us 699 mil millones en 2018 y 685 mil millones en 2019, donde sobresalen los países en desarrollo de Asia con $us 499 mil millones de en 2018 y 474 mil millones en 2019. América Latina y el Caribe recibieron $us 175 mil millones en 2018, que disminuyó a 161 mil millones en 2019, representado una caída del 7.8%.

La IED en la región se redujo casi constantemente a partir de 2012. Al inicio de la segunda década del siglo XXI las entradas de IED estaban en expansión. En un escenario internacional todavía afectado por la crisis financiera mundial desde 2008, las economías en desarrollo estaban ganando protagonismo como receptoras de este tipo de capital, los precios de las materias primas estaban en auge y las tasas de crecimiento de las economías de la región eran elevadas. De hecho la IED, que ingresó en la región en 2011 y 2012, representó  un máximo histórico que llegó al 14% de las entradas mundiales, pero esta tendencia no se sostuvo y a partir de 2013 las entradas de IED comenzaron a debilitarse, en un escenario de frágiles tasas de crecimiento económico y la caída de los precios de las materias primas;  la IED disminuyó en 20% de 2013 a 2019.

Esta evolución fue heterogénea entre los diferentes países y subregiones que conforman América Latina y el Caribe. De la primera a la segunda mitad de la década las entradas de inversiones se redujeron principalmente en los países de América del Sur, mientras que en México, Centroamérica y el Caribe, por el contrario, las inversiones crecieron o se mantuvieron en los niveles similares a lo largo del decenio.

En 2019, las entradas de IED solo aumentaron en nueve países de la región con respecto a 2018, lo que significa que la mayoría de las economías tuvieron un desempeño negativo en este ámbito. Los cinco países que más inversiones recibieron ese año fueron Brasil (43% del total), México (18%), Colombia (9%), Chile (7%) y Perú (6%); en Centroamérica crecieron Panamá y Guatemala y en el Caribe  fue Republica Dominicana.

Alentados por el aumento de los precios de materias primas y económica con crecimiento alto, la IED en  2011 y 2012 llegó al 14% de las entradas mundiales, en 2019 la misma llegó a 10%. En 2019 la rentabilidad media de la IED fue de un 5.6%, menor a 2018 en 0,2 puntos porcentuales, en 2011 fue de 8,5%. Brasil reporta una rentabilidad de 33%, México 25%, Chile 11%, Colombia 8% y Perú 5%, el resto de aires de la región está entre 2 a 3%. 

La IED se dirigió principalmente a sectores de energías renovables con 19% del flujo regional seguido por hoteles y turismo (9%) y en tercer lugar metales. El origen de la IED se mantuvo estable durante la última década, las empresas de Europa y EEUU son las principales inversoras y representan el 82% de la entradas de origen en 2019.

El panorama futuro mediato es muy incierto y las perspectiva depende de cuánto dure la crisis sanitaria y de cuán efectivas sean las intervenciones de las políticas públicas para mitigar los efectos económicos de la pandemia. Se estima que las IED mundial caerá un 40% en 2020, y de un 5% a 10% en 2021.

En América Latina y el Caribe, la situación es particularmente compleja. Las estimaciones de la Cepal indican que el PIB caerá fuertemente y que las exportaciones se reducirán un 23% en 2020. La contracción de la actividad económica llevaría al PIB per cápita a los niveles de 2010, y la pobreza a los porcentajes de 2006.

El impacto de la crisis actual provocará una profunda reducción de la IED. En 2010 finalizó una década en que las entradas de dinero a la región alcanzaron un valor histórico máximo, hecho que ocurrió en 2012, luego los flujos  cayeron en forma casi ininterrumpida, colocando de manifiesto la relación que éstos tienen con los ciclos de los precios de materias primas, sobre todo en los países de América de Sur. En efecto, las entradas de IED de 2019 fueron un 25% inferior a las de 2012. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, la IED ha caído en la mayoría de los países. En 2019, la entrada de IED en América del Sur incrementó solo en 4 países (Chile con 62,9%, Colombia con 24,1%, Perú con 37,1 y Paraguay).

Sin embargo, los problemas estructurales de las economías de la región y el nuevo contexto internacional hacen necesario que la IED y las políticas destinadas a promoverla sean parte integrante de un proyecto más amplio que impulse un cambio estructural progresivo, que permita aumentar la productividad y lograr la inclusión social, la igualdad y una creciente sostenibilidad ambiental.

En este contexto, es importante recuperar el rol de las políticas industriales como instrumento de transformación de las estructura productivas, porque con políticas débiles o ausentes, en un contexto de aceleración de la cuarta revolución industrial y las grandes transformaciones de la  producción,  inevitablemente llevará a que aumente las brechas productivas y tecnológicas que caracterizan a América Latina y el Caribe.

En Bolivia la IED se redujo en $us 540 millones  en 2019, lo que dio como resultado un flujo negativo por un monto total de $us 237 millones. Este monto es inferior al del 2018, que había sido el más bajo desde 2005, y “bien pudiera ser reflejo de la inestabilidad institucional y legal que prevalece en este país, lo que genera mayor incertidumbre a la hora de estimar las variables de rentabilidad futura asociada a las inversiones“,  lo que significa que la salida de capital de las empresas extranjeras instaladas en el país fue mayor que la entrada. 

En Bolivia la tasa de rentabilidad de la IED entre 2010-2014 fue de 15%, en 2018 7% y en 2019 4,8%. En los últimos 20 años, al menos, es la primera vez que Bolivia registra un  flujo negativo, después de alcanzar el máximo importe en 2013 con $us 1.750 millones.

Fuente: página siete

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