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“En Latinoamérica falta fortalecer la inversión en ciencia”

Josian Fabrega, integrante de Airbus Defence and Space, la empresa que semanas atrás lanzó la sonda Solar Orbiter, cuenta cuáles serían los retos del continente para aumentar las investigaciones en la carrera espacial.

El satélite de observación terrestre de Chile fue lanzado el 16 de diciembre de 2011. / AFP

Durante la segunda mitad del siglo XX, el mundo se convirtió en espectador de una batalla científica entre potencias por el poder. Por cerca de veinte años hubo lanzamientos de satélites fallidos, avances en modelos espaciales e inversiones de por lo menos US$23.900 millones en misiones para conquistar otros mundos. Finalmente, en julio de 1969, la misión Apolo 11 logró lo que todos esperaban: Neil Armstrong se convirtió en la primera persona en pisar la Luna. Cincuenta años después de la Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos, otros países entraron a la carrera espacial.

Los primeros elementos usados para conquistar el espacio fueron los satélites. El pionero fue el Sputnik, lanzado en 1957 por la Unión Soviética. Hoy, 63 años después, existen unos 3.000 satélites operativos y aproximadamente 8.000 objetos artificiales orbitando alrededor de la Tierra, según cifras de la NASA.

Por su parte, México, Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, Brasil, Perú y Colombia han aunado esfuerzos para construir satélites. Colombia tiene apenas dos y solo uno en órbita. Según Josian Fabrega, director de desarrollo para América Latina de Airbus Defence and Space, la empresa europea que desarrolló la sonda Solar Orbiter, lanzada al espacio la semana pasada, aún no se invierte lo suficiente en ciencia en América Latina.

Fabrega, quien lleva cerca de treinta años trabajando en el campo de la industria espacial, asegura que la inversión en este tipo de investigaciones es “un vector de desarrollo”. En diálogo con El Espectador, habla sobre el trabajo que se viene desarrollando en la región y las esperanzas que hay de incrementar la carrera espacial en países como Colombia, que hasta el momento solo ha tenido altibajos en ese ámbito.

Usted hace parte de Airbus, la empresa que lanzó hace unas semanas la sonda Solar Orbiter. ¿Qué nos puede contar al respecto?

El objetivo de Solar Orbiter es una misión de observación del sol y su idea es responder las preguntas que aún tienen los científicos. La característica diferencial será estudiar la esfera de influencia gravitacional, el campo magnético solar y los destellos solares, para profundizar nuestro conocimiento en la influencia que tiene el sol sobre varios planetas, incluyendo el nuestro. Solar Orbiter fue lanzado en la noche del domingo pasado y tendrá un período de diez años. Sin embargo, después de siete años vamos a ver cómo se desarrolla el comportamiento del satélite. Hasta el momento somos muy optimistas. Este vehículo estará a una distancia más cercana que lo que está Mercurio, el primer planeta del sistema solar. Eso quiere decir que una particularidad de la misión es el ambiente térmico, debido a la proximidad de la sonda con el sol. Por eso hemos desarrollado un escudo, de un material llamado Solar Black, que da una protección al satélite, y la temperatura en el escudo es de 500 grados Celsius.

¿Por qué la humanidad no ha repetido su hazaña en la Luna? ¿Ya no es un objetivo de conquista para la carrera espacial?

Cuando Neil Armstrong llegó a la Luna, en 1969, yo tenía diez años. En aquella época la carrera a la Luna fue una guerra científica entre los Estados Unidos y Rusia. El esfuerzo norteamericano en el año 63 tuvo un costo de US$60.000 millones. Esta cifra en 2020 es de casi US$500 billones; eso es casi el 1,5 % del PIB de Colombia en un año. Es decir, para ir a la Luna se necesitan condiciones presupuestales muy considerables y actualmente no hay carrera entre dos potencias para regresar a la Luna. Ahora se invierte más en el objetivo de ir a Marte. La Luna puede ser utilizada como una base para construir unos elementos de los cohetes, una base que puede complementar estaciones que sean en órbita terrestre o en órbita lunar, pero pienso que la Luna no es un fin, es un vector para ir a Marte.

¿Cuántos satélites especiales se están desarrollando en Latinoamérica?

Airbus es muy activo desde hace muchos años en esta región. Por ejemplo, en Chile desarrollamos un satélite de observación llamado Sistema Satelital de Observación Terrestre (SSOT), que está en órbita desde hace más de ocho años. El proyecto inicialmente fue pensado por cinco años, pero los chilenos han tenido mucha suerte con nosotros y el satélite sigue funcionando perfectamente. Ese fue el primer satélite en América Latina. El segundo satélite de observación es del Perú, el Perú SAT-1, que lanzamos a órbita en 2016 y es para un uso dual: civil y de defensa. En el ámbito civil, para cubrir muchas aplicaciones de interés general como la agricultura, reposos naturales, costas.

¿Estos proyectos suponen un avance para la ciencia que se desarrolla en la región?

Latinoamérica hace parte de un continente muy grande, pero hay varios países que no tienen el mismo nivel de desarrollo. Lo que hemos podido observar en los últimos diez años es que muchos países están trabajando en el tema y algunos ya han concretado su posible acceso a más satélites que observan la Tierra. Podemos ver que países como Argentina se convirtieron en una potencia importante en el ámbito espacial y hacen parte de su continente, que tiene también una industria local bastante fuerte.

¿Y el caso de Colombia?

En el caso de Colombia se puede decir que hemos tenido altos y bajos en los últimos quince años. Luego de desarrollar varias licitaciones preliminares, no se ha concretado nada aún. Sin embargo, el 13 de enero se firmó un Conpes, el 3983, que tiene como objetivo el desarrollo de la política espacial en Colombia, que supongo será la base de datos de varios ministerios en el país para concretar un proyecto de satélite de observación a futuro, que, como todos sabemos, es una prioridad para un país como Colombia.

¿Qué cree que hace falta en la región para que estos proyectos sean la norma y no la excepción?

Hay muchos países en América Latina y cada uno está siguiendo su camino para entrar en el ámbito. Creo que la mayoría de las condiciones para poderlo hacer se reúnen en los grandes países del continente. Sin embargo, lo primero que falta es una voluntad estatal de invertir en estas iniciativas. Esa es la razón por la cual tenemos agencias espaciales en Europa, pues los gobiernos se acaban, pero las agencias espaciales no y siguen desarrollando sistemas espaciales. La segunda condición son los recursos para fortalecer los ámbitos académicos en cada país y, por supuesto, el ámbito industrial para que se puedan desarrollar los programas localmente. Todos los países deben compartir la idea de la importancia de invertir en la carrera espacial. El ámbito espacial es un vector de desarrollo.

Entre esas contribuciones del continente, ¿qué tanta participación de mujeres hay?

En Airbus, únicamente en el sector espacial, hay aproximadamente 10.000 empleados y de esos solo un 20 % son mujeres. Yo estoy cerca del fin de mi carrera y lo que he podido observar en los últimos treinta años es que cada vez progresa esta inclusión y seguramente hemos aumentado las cifras frente a lo que se vivía años atrás. Estoy seguro de que a corto plazo tendremos cada vez más mujeres.

¿Quiénes están invirtiendo en estos proyectos de investigación espacial en América Latina?

Airbus ya ha firmado dos contratos con Chile y Perú, pero en el continente hay más propuestas para invertir y son empresas del top tres a nivel mundial. En términos de presupuesto tenemos una gama amplia y las soluciones que podemos proponer pueden ir de 100 millones de euros a 300 millones. Sin embargo, eso depende de las capacidades de los sistemas, su resolución, el número de imágenes que queramos por día del satélite y las aplicaciones que se deben desarrollar.

Fuente: El Espectador.

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