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Serie experimental: ‘Fleabag’ arrasa

Mr Smith

¡Qué lindo que es el año nuevo cuando se empieza hablando de producciones como esta! Fleabag (saco de pulgas) es un avance pronunciado de las series sobre las que he escrito recientemente, incluso Mandalorian, cuyos últimos dos episodios posteriores a la entrega de mi última crítica, la elevaron muy por encima de mi impresión con los primeros seis. Mientras 3 Familias ganó sus premios ITV por serie y actores con un producto repleto de “peros”, Fleabag ha ganado los Golden Globes por mejor serie comédica o musical de televisión y por mejor actriz protagónica de serie comedia o musical en televisión. Se transmite por Amazon Prime.

Si bien todo programa es resultado del trabajo de un sinnúmero de personas, aquí el genio está fuertemente concentrado en Phoebe Waller-Bridge, quien escribió y protagonizó esta obra con un personaje cuyo nombre nunca es revelado, más allá de la asunción tácita que es de quien habla el show en su título.

Fleabag es un drama comedia británico, basado en un show de una sola mujer que había sido hecho originalmente para teatro por la misma escritora. Tiene dos temporadas, la primera estrenada el 2016 y a pesar de que originalmente no era intención de la autora que haya una segunda, a insistencia de fans terminó escribiendo y produciéndola, revelándola al público el 2019.

Acorde a la creadora, la televisión como medio se ha hecho mucho más experimental, de una manera que antes estaba reservada para el teatro, y esto está claramente reflejado en la manera muy particular en que trasladó el rompimiento del cuarto muro a su adaptación. (Rompimiento del cuarto muro siendo cuando los personajes hablan al público, viendo hacia la cámara, como si supiesen que son observados).

Las relaciones entre los personajes son complejas y bien exploradas. Son irreverentes, rudas, crueles, infelices y difíciles, sin embargo, se manejan con tanta realidad humana y de forma tan envolvente que es imposible no seguir mirando la historia. El pasado de la protagonista se revela cuidadosa y lentamente, de una manera que complementa y crea genuina anticipación al presente. Los episodios son de 30 minutos cada uno y pasan rápido, dando un montón de información de manera fluida. Cualquiera de estos se puede disfrutar en sí mismo sin necesidad de haber visto los anteriores y los que le siguen.

En cada uno todo se deteriora en intervalos hasta que al final se termina con una actitud disonantemente optimista, cadencia de lo negativo a lo positivo que puede esperarse en una comedia como el significado clásico del término, si bien este tipo de humor no es para todos. Este ritmo no solo es acorde a sus episodios individuales, sino también a nivel del arco que los conecta.

En la primera temporada Fleabag es extremadamente cínica, una ninfómana inmersa en tantas relaciones negativas, que al final hasta la relación que tiene con nosotros como espectadores queda envuelta en su toxicidad antes de darnos ese mínimo trago de oportunidad con el que cerró en el 2016.

Sin embargo después de la explosión catártica de su primer arco, el segundo (2019) comienza diciéndonos que ha pasado más de un año en el que ella se alejó de su familia y trabajó en sí misma, incluso rechazando el sexo al que se había mostrado adicta. Por supuesto, la única secuencia lógica es que en este nuevo arco se enamora de un sacerdote católico. El utilizar a este sacerdote como elemento redentor en una serie tan cínica fue un toque brillante, ya que la culpa y el perdón han sido elementos motivadores de la historia desde el comienzo. Lo inesperado como la conclusión perfecta e inevitable.

La música también marca la diferencia de tonos entre temporadas. La primera usaba mucho metal y jazz, mostrando el lado cool e irreverente de la protagonista que quemaba el mundo a su alrededor porque estaba enojada y no le importaba nada, mientras la segunda usa coros religiosos y apasionados en circunstancias pecaminosas o intensas, mientras busca un propósito más allá del placer o dolor inmediato.

Más allá de esto, aquí nos encontramos con una electricidad irreducible, una acertada meticulosidad con la que se han tomado decisiones a nivel de diálogo, historia, tono y dirección. Puedo decir, Fleabag se gana un 20 sobre 20. (O)

Fuente: El Universo.

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