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Irán, eje chiita que expande poder y una amenaza latente

Que el gobierno de Donald Trump haya bajado el nivel de tensión y haya restaurado cierto nivel de disuasión a Irán de nuevos ataques contra los EE. UU. y sus aliados es demasiado pronto y está lejos de la realidad, apuntan analistas que ven reacciones de la nación islámica en semanas o meses.

Los iraníes “van a planificar estratégicamente, invirtiendo en formas de infligir dolor a los Estados Unidos”, dice Kaleigh Thomas, analista de seguridad de Medio Oriente del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense.

El exdiplomático estadounidense Nicolas Burns también cree que era “demasiado pronto” para declarar el éxito en la entrega de un mensaje de amenaza creíble a Teherán.

“Irán tiene una historia brutal de usar fuerzas de poder para atacar a Estados Unidos y a otros”, apunta. “Bien podrían hacerlo en las próximas semanas o meses”.

El ataque de EE. UU. que mató al poderoso general iraní Qasem Soleimani desató la ira de Irán y los temores a una guerra, que derivaron en críticas a la “decisión impulsiva” de Trump de matar a Soleimani.

Un enfrentamiento con los EE. UU. sería desastroso para Irán, que, sin embargo, tiene varias alternativas a su favor, como el dominio de una red de milicias, principalmente chiitas que la fuerza Al Quds, que dirigió Soleimani, ha promovido en Medio Oriente. Entre ellas destacan Hizbulá en Líbano, las Fuerzas de Movilización Popular iraquíes, los paramilitares prorrégimen sirios, militantes en Gaza o los hutí en Yemen, registró El País.

Soleimani fue clave en los esfuerzos expansionistas de Irán y sus logros moldearon la creación de un eje chiita de influencia en Medio Oriente. Al frente de Al Quds buscó propiciar fuerzas paramilitares de todo el mundo. Con Hizbulá impulsó una campaña de guerra de guerrillas, que combinaba emboscadas, bombas de carretera, terroristas suicidas, asesinatos de altos funcionarios, contra la ocupación israelí en Líbano, publicó The New York Times.

El exjefe militar también reclutó paramilitares de Irak, Pakistán, Afganistán, entre otros países, para reforzar a las fuerzas del régimen sirio.

La división entre musulmanes, en chiitas y sunitas, alimenta las tensiones y separa a dos grandes enemigos. En Irán, una gran mayoría son musulmanes chiitas, mientras Arabia Saudita, gran aliada de EE. UU., es una potencia sunita, se estima entre el 86 % y el 90 % pertenecen a esta corriente.

James Phillips, investigador principal de la Fundación Heritage, dijo que es difícil establecer una disuasión creíble contra un régimen como Irán, donde los Guardias Revolucionarios de Soleimani están “dispuestos a sacrificar los intereses nacionales de Irán para promover los intereses revolucionarios más estrechos del régimen”.

Aún más desafiante es la amenaza de Teherán de reanudar su programa para desarrollar armas nucleares mediante la producción de uranio. (I)

Fuente: El Universo.

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