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Doria Medina: “Los bolivianos no debemos pasar de un caudillo populista a otro”

Afirma que la transformación que requiere el país es retomar el camino de una democracia con muchos representantes que expresen a las distintas facciones sociales y que se vean obligados a pactar entre sí.

Foto:Víctor Gutiérrez / Página Siete

Pablo Peralta M.  / La Paz

Samuel Doria Medina, líder de Unidad Nacional (UN), afirma que Bolivia no  debe pasar de tener en el poder  de un “caudillo populista” a otro. El político considera que el caudillismo puede combatirse con democracia. 

En entrevista con Página Siete, el líder político habla sobre los acercamientos de UN con otras fuerzas, sobre el margen para un frente amplio o único y sobre las reacciones que hubo cuando planteó el caso de Bolivia en la Internacional Socialista (IS), que concluyó que Evo Morales no fue víctima de un golpe de Estado.  

Doria Medina considera que 2019 será recordado en la historia nacional como  se evoca a   1982, año en que  se recuperó la democracia. Indica que para explicar lo que pasó en la crisis de octubre-noviembre hay  un antecedente clave: el desconocimiento del 21F.   

“Fuimos pocos los que creíamos que había que ir por el ‘No’, incluso vimos que era una oportunidad fundamental para el país. No era un tema partidario, pero trabajamos de manera fuerte. No estaba Mesa, no estaba Camacho, dónde estarían en esa época…”, afirma. 

El político afirma que UN tuvo un rol importante en el 20-O en   la  concentración del voto de la oposición, y en apoyar que el candidato para ello, pese a que no les gustaba, era Mesa.  “Tuvimos una tarea importante en lograr que se concentre el voto de la oposición, que se vea que iba a haber segunda vuelta… El MAS al ver que iba a haber segunda vuelta hizo fraude, y cuando sucedió aquello, la población ya no lo aceptó”, expresa.  

En ese contexto, el líder de UN afirma que   se desencadenó “una rebelión ciudadana”. Y anota un riesgo que se presentó: “Había  algún momento que querían hacer un gobierno cívico-militar, pero habíamos un grupo de partidos, de autoridades, exautoridades que trabajamos para que se vaya por la sucesión constitucional”.   

¿En la IS qué reacciones hubo cuando expuso el caso de Bolivia? 

Había representantes de 12 países, de los partidos más importantes de Latinoamérica. Yo expliqué los antecedentes, lo que pasó el 20 de octubre, el fraude y lo que viene, las elecciones… y me ha preocupado, porque me dijeron que era bueno que se tenga esta información de primera mano, pero con las cosas que han sucedido en Bolivia, y especialmente con el hecho del excónsul boliviano en Argentina, me han comentado también que había una percepción de que estábamos gobernados por “un gobierno ligado al narcotráfico, a las mafias”, que “Bolivia era un refugio para los narcotraficantes”. 

O sea,  ya había un deterioro en la imagen del gobierno de Evo Morales, que trascendía las fronteras y que era más visto desde ese punto de vista. 

¿En qué  se diferencia la transición en curso de la del   80? 

Una primera gran diferencia es que el 80 se hace una transición sin tener una base que era  estabilidad. Aquí vamos a arrancar la transición con una base, que viene desde los años 80, que se llama estabilidad económica, que viene desde el gobierno de Paz Estenssoro.   

En materia institucional, en materia de nuestra democracia, si bien arrancamos ya con libertad el 2020, deberemos hacer una reconstrucción institucional, o sea la importancia de tener autoridades elegidas como establece la Constitución, el hecho de respetar los poderes, el no querer que un partido tenga todos los poderes. 

En materia de desarrollo deberemos  trabajar en los  temas de salud,  educación, justicia, que  fueron olvidados en 14 años, prefirieron  hacer canchas. En el año 80 había  dos empresas con problemas: Comibol y YPFB. Ahora, vamos a comenzar esta transición con 32 empresas que hay que volverlas rentables,  poner gente adecuada y  hacer que funcionen bien.    

Entonces será una  tarea tal vez tan grande, tan difícil la transición que por otras experiencias de países similares, tomará  en el mejor de los casos a todo el próximo Gobierno, y en algunos temas, tal vez, parte del siguiente Gobierno.

De cara a los próximos  comicios, ¿UN tiene   acercamientos con  otras fuerzas?  

Hemos hablado con varios sectores, pero más que todo tenemos una preocupación que nos manifiesta mucha gente, de que es importante la participación de UN, porque lo que se viene  no es fácil.  Muchas personas nos han dicho:  “Si las únicas alternativas que tenemos hacia adelante son Mesa o Camacho, estamos jodidos”.

 Ven a  Mesa como una persona muy neutra, que cumplió su rol en la anterior elección, pero frente al país que vamos a tener, que nos está dejando el MAS, habrá desafíos muy importantes en materia de economía, de administración del país, de resolver problemas,  y además la preocupación general  de la población mayoritaria de que no vuelva Evo Morales. 

Entonces, no ven que Mesa pueda cumplir esa tarea y tampoco ven que Camacho o los cívicos puedan cumplir una tarea de esa magnitud, porque si bien hay sectores de elits que aplauden a los cívicos, los campesinos, los indígenas  tienen un rechazo muy fuerte, polariza. Entonces, nos dicen “es importante que UN, que es un partido que conoce el país, que ha podido gobernar adecuadamente en El Alto y en varios otros lugares, pueda participar”. Eso es lo que tenemos que analizar y definir. 

¿Debe haber un frente amplio o un frente único contra el MAS?

En la elección del 20 de octubre era importante concentrarnos frente al MAS, porque el MAS tenía el TSE, el Gobierno, el poder Legislativo, el Ejecutivo, tenía todo y hacía fraude además. Si no uníamos esfuerzos, había la posibilidad de que suceda lo que pasó  en otras elecciones: que no se le pueda hacer frente.  En esa elección se le pudo hacer frente con la unidad posible, que la dio la población, porque hasta en Santa Cruz dijeron “no es con Ortiz, es con Mesa”. 

La elección del 2019 era sí Evo o no Evo, no había más.  Pero en esta elección ya no está Evo. Entonces,  yo veo que la población  antes de confiar su futuro y el de su familia  para los próximos cinco años va a querer escuchar muy bien qué es lo que van a hacer, cómo van a resolver los problemas, cómo será la economía, la salud, la justicia. 

¿Será candidato?    

Será una decisión colectiva que debemos tomar como siempre hemos hecho   en UN. Esta mañana hablé con la alcaldesa Soledad Chapetón y está claro que todos estamos  prestos a estar donde mejor podamos contribuir, pero no es solamente un deseo, sino una evaluación y una decisión colectiva   que daremos. 

¿Qué postura tiene respecto a la alianza Camacho-Pumari?

Una alianza que comenzó mal en política. Ambos dieron la impresión de que querían algo más y algo diferente de lo que declaraban cuando eran dirigentes cívicos. Se consideran “nuevos”, pero nada es más tradicional que agarrarse aduanas y pagar a los candidatos para que no se vayan a otra fórmula. Dicen que quieren liderar al pueblo boliviano, pero dan el mal ejemplo de grabarse entre sí para perjudicarse y luego se vuelven a reunir en torno a un programa que sólo tiene un punto concreto: el poder. 

Su jefe de campaña, que no estuvo aquí los 14 años que luchamos contra el autoritarismo, se dio el lujo de acusar a los que sí estuvimos, luchamos, arriesgamos muchas cosas y preparamos las condiciones para la revuelta de octubre y noviembre de este año. 

Yo me pregunto, ¿por qué Camacho y Pumari no reconocen el trabajo que los demás opositores realizamos en condiciones difíciles, cuando Morales tenía la mayoría? Pareciera que quieren apropiarse de los resultados de un proceso complejo y profundamente colectivo. Esta actitud no permitirá construir una alternativa a lo que vivimos los últimos 14 años. 

¿Por qué da la impresión de que Bolivia es tierra de caudillos?

Lo es. La razón es la debilidad de nuestras instituciones, que termina depositando el peso de las decisiones en las personas. Pero el caudillismo puede ser combatido con democracia;  es decir, con medidas como la alternancia, el pluralismo, el cumplimiento de las normas. Los bolivianos no debemos pasar de un caudillo populista a otro. 

La transformación que en verdad requiere el país es retomar el camino de una democracia con muchos representantes que expresen a las distintas facciones sociales y que se vean obligados a pactar entre sí. Los caudillos no pactan, como vimos en nuestra experiencia con Morales. La necesidad de negociar para constituir y mantener el orden político disminuye la presión hacia el caudillismo que proviene del fondo de nuestra historia.

Fuente: Pagina Siete.

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