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Los retos actuales del centro democrático

Por Samuel Doria Medina

Este 12 de diciembre, Unidad Nacional cumplió 16 años de existencia. Es el único partido de oposición creado en el siglo XXI que ha actuado a lo largo de todo el ciclo del Movimiento Al Socialismo (MAS). Su vida, por tanto, ha sido difícil y esforzada, una escuela de adversidad para sus militantes y dirigentes, que han sufrido persecución judicial, exilio y dificultades laborales, y personales de todo tipo, generadas por las políticas y las decisiones del anterior gobierno.

 El caso más grave que tuvimos que enfrentar fue el ataque a la Alcaldía de El Alto en 2016, pocos días antes del referendo que comenzó el final del mando de Evo Morales. Un grupo violento del MAS cercó, primero, y luego incendió las dependencias del gobierno municipal, dirigido por nuestra compañera Soledad Chapetón, sin detenerse ante el hecho de que había gente adentro. Como resultado de esta salvajada, seis funcionarios municipales perecieron asfixiados. 

Juan Gutiérrez, Pedro Sánchez, María García, José Peralta, Elena Durán y Silvia Choque perdieron la vida por atreverse a formar parte de un gobierno municipal opositor en una ciudad que el MAS consideraba su baluarte. Son mártires de la democracia y de nuestro partido, y quiero recordarlos especialmente en este histórico aniversario.

Pese a todo lo que hemos sufrido y sacrificado, nuestro ánimo no ha sido ni es revanchista. En este tiempo hemos participado en la mayoría de las justas electorales, hemos publicado documentos y pronunciamientos, hemos organizado innumerables debates; en fin, hemos presentado propuestas constructivas para el país, así como aprovechado cada espacio democrático que se abría para criticar al MAS y difundir nuestras ideas. No estuvimos centrados en rencillas políticas; nos ocupamos de las preocupaciones de la gente, que siempre son más amplias y concretas que las de los grupos políticos. 

Defendimos que una cosa eran los dirigentes del partido de gobierno y otra cosa distinta los sectores que este partido representaba (generalmente mal). Estos sectores, que constituyen una importante parte de la nacionalidad, creyeron que su vida mejoraría a través del control por parte del Estado de la riqueza nacional, en particular, del gas; apoyaron las políticas de fortalecimiento del Estado y de empoderamiento simbólico, y político de los pueblos indígenas; y se sintieron identificados con las decisiones nacionalistas sobre producción de coca, lucha contra la droga y administración de los presupuestos, y las finanzas estatales, obviando que vivimos en un mundo globalizado.

A lo largo del tiempo, Unidad Nacional ha prometido a estos sectores oír sus anhelos y mejorar las políticas en las que creen, combinándolas con otras demandadas del resto de la población, como el impulso de la actividad privada, en particular del emprendurismo de los pobres; la liberalización de los precios, innecesariamente controlados por la burocracia; unas acciones de afirmación positiva de los sectores más carenciados que nos les exijan a estos retribuciones políticas, etcétera. Llamamos a nuestro modelo una “síntesis entre el Estado y el mercado”, entre el liberalismo y el nacionalismo, y seguimos creyendo que el país lo necesita, y ahora más que nunca. 

Propugnamos un modelo combinado y ecléctico, y rechazamos las refundaciones extremistas, que hasta ahora han debilitado al extremo la institucionalidad del país. Sólo la mezcla, los pactos y los equilibrios pueden permitirnos avanzar hacia un consenso nacional sobre un modelo de desarrollo que, aunque no vaya a ser exactamente lo que cada sector querría, en cambio resultara tolerable para todos. 

Si no adoptamos un modelo de centro democrático, surgirá el riesgo de que se destruyan los pactos sociales, se eliminen las instituciones actuales, se invisibilice a quienes apoyaron el antiguo orden de cosas y, con esto, se creen las condiciones necesarias para que, dentro de poco o mucho, volvamos a comenzar de nuevo. 

La propuesta de Unidad Nacional es la única que puede permitir la reconciliación del país y la unidad de todos los bolivianos en torno a objetivos comunes, que debemos negociar entre todos con realismo e inteligencia. Por esta razón, hoy la existencia de Unidad Nacional es más necesaria que nunca: el centro democrático tiene una gran tarea y una gran responsabilidad por delante.

Samuel Doria Medina es presidente de Unidad Nacional

Fuente: Pagina Siete.


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