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Zlatan Ibrahimovic y un fútbol de oro

Sebastián Arenas

Dueño de una magia adentro de la cancha, que será eterna, el sueco robó bicicletas en su infancia. Enderezó el camino, se convirtió en leyenda y fue homenajeado con una estatua a las afueras del estadio del club con el que debutó

El sueco Zlatan Ibrahimovic sonríe en la rueda de prensa en la que habló sobre su estatua.EFE

En el fútbol, la altura superlativa, en muchas ocasiones, no es sinónimo de magia. Los que cuentan con ella se dedican a ser defensores centrales o torpes delanteros. No es el caso de Zlatan Ibrahimovic​, un genio que despierta odios, amores, pero interminable admiración. Y es que el sueco es dueño de un carácter fuerte, propio de los ganadores, de los que no se conforman, de los que se empeñan por mejorar cada día. (Zlatan, tan talentoso como polémico)

Quizás hubiera sido un destacado trabajador de los muelles de Malmö, actividad por la que, a los 15 años, estuvo a punto de dejar de acariciar la pelota. Quizás, también, pudo perderse en el mundo criminal que lo llevó a desvalijar carros y robar carros en su infancia. Pero no. De padre bosnio y madre croata, es sobrino de Sabahudim Ibrahimovic, un reconocido exboxeador de la antigua Yugoslavia y cinturón negro en taekwondo. Tal vez por eso no les teme a las peleas. Ha protagonizado múltiples en su carrera como futbolista.

“Entró al vestuario y nos llamó miserables cabrones. Le respondí diciendo que el único cabrón que había ahí era él. Se volvió completamente loco. Las tijeras pasaron rozando mi cabeza y se estrellaron contra la pared provocando una grieta”, relata en su autobiografía el propio Ibra, refiriéndose a la discusión que tuvo con el egipcio Mido cuando compartían vestuario en el Ajax.

Al club holandés arribó por 7,8 millones de euros, proveniente del equipo de su lugar de origen, el Malmö, que en las afueras de su estadio ya cuenta con una estatua de Ibra. En el club donde se hizo legendario Johan Cruyff, Zlatan tuvo que remar para ganarse un lugar por sobre Mido. El africano era de una familia rica que lo ayudó a encaminar su trayecto, mientras que Ibrahimovic se ganó sus éxitos a pulso. Es recordado por la obra maestra que pintó con sus pies el 22 de agosto de 2004. Eludió a los rivales como si fueran conos de entrenamiento y días después se fue a la Juventus.

En Turín conquistó dos scudettos, que le fueron quitados a la Vecchia Signora por fraude. Esto no le gustó al sueco, que se marchó al Inter de Milán. La camiseta nerazzurri se plagó de brillantes jugadas y cantidad de goles. Allí, tres veces campeón de Serie A y Capocannoniere, distinción que conseguiría también con el otro cuadro de la ciudad, el AC Milan, posteriormente. Antes, un frustrado trasegar por Barcelona. Aunque se hizo al Mundial de clubes 2009 y en su momento fue el fichaje más caro de la historia blaugrana, diferencias con Guardiola, ausencia de protagonismo ante la presencia de Messi e incomodidad en el juego, lo alejaron del mejor equipo de la historia.

En 2012 dejó Milán para ponerse la indumentaria del París Saint Germain y dominó con impactante superioridad el fútbol francés. Es un ser de retos y por eso decidió llegar a Manchester United para sacar del letargo a los Diablos Rojos. Los resultados no fueron los mejores para los dirigidos por José Mourinho y Zlatan, que no se calla nada, dijo: “No vine aquí a perder el tiempo, así que el Manchester United debe igualar mi ambición”.

Exitoso nato y convencido, el hombre que jugó con Suecia el Mundial de Japón 2002 y Alemania 2006 estuvo al borde de finalizar la etapa en el balompié profesional por la terrible lesión que sufrió un jueves. Sin embargo, su fortaleza dio para más. Todavía deleita en Los Ángeles Galaxy, con el que ha convertido 30 goles en 29 partidos en lo que va del año.

Cuando se confirme su retiro, dejará para la eternidad perlitas como el gol de chilena que le anotó a la selección de Inglaterra. Un pívot eximio, un entendedor conceptual del juego, un goleador, un gambeteador, un delantero completísimo y con una habilidad única. Es de lo mejor de la época. Sin saber la leyenda en la que se transformaría, su padre bosnio, Sefik Ibrahimovic, y su madre croata le pusieron Zlatan, que significa “de oro”, como su fútbol.

Fuente: El Espectador.

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