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La sanción social pesa más contra las mamás en casos de violencia infantil

Expertos entrevistaron a funcionarios del Sedeges, de los juzgados, de la alcaldías y de la Policía.

Funcionarios culpan más a las madres por los casos de violencia contra los niños. Foto: Archivo

Verónica Zapana S.  / La Paz

“Las madres no  cuidan bien a sus wawas, por eso fueron víctimas de violencia”,   “Dónde estaba ella cuando su esposo pegaba a sus hijos”, “Tienen varios hijos  y hartas parejas, por eso les pasa eso” y   “Por qué no han denunciado, ellas  han encubierto a los agresores”. Son algunas de las frases y discursos  más comunes que  repiten  los operadores de las instituciones que protegen a los sectores vulnerables.

Estas  frases y discursos   muestran cómo las madres son las más sancionadas socialmente por los casos de violencia contra  sus  hijos.  En cambio,  los padres  son liberadores  de  toda culpa.

Esta situación es una de las conclusiones del  estudio titulado No le digas a nadie lo que te conté. Violencia Contra la Niñez y Adolescencia: Una mirada desde las niñas, niños adolescentes y el Sistema Formal e Informal de Protección en Bolivia.  La investigación fue representada el martes pasado  por especialistas  del  Instituto de Investigación de Ciencias del Comportamiento de la  Universidad Católica Bolivia (UCB). Este trabajo fue realizado también  con el apoyo de Visión Mundial. 

La investigación  fue elaborada  entre 2017 y 2018. Para el estudio, los expertos  entrevistaron a  77 funcionarios de los Servicios de Gestión Social (Sedeges), los Juzgados de la Niñez y Adolescencia, la Secretarías Sociales de las Alcaldías Municipales, los directores y maestros de escuelas y los directores, enfermeras, médicos, trabajadores sociales y psicólogos de centros de salud en todo el país. Recogieron  testimonios de  447 padres y madres de familia,  además de 635 niñas y niños,  adolescentes  de colegios.

¿Qué dice un   funcionario del Sedeges de La Paz  respecto a las tareas de una madre? “Ahora se están perdiendo muchas prácticas positivas”. (…) Antes los padres estaban constantemente trabajando y la madre con los hijos, lo que ahora no. Ahora ella es la primera que tiene que salir de la casa a buscar una fuente laboral y prácticamente ya no asume el rol como tal”.

La  responsable de este proyecto de investigación del Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Católica, Paloma Gutiérrez,   explicó  que  con el estudio se estableció que los operadores del sistema formal de protección a los niños identifican prácticas sexistas como un factor asociado a la violencia, pero no reconocen críticamente que al interior del propio sistema también trabajan desde creencias y actitudes machistas, porque en su propio discurso hay “una sobrerresponsabilidad a la madre antes, durante y después del acto violento contra sus hijos”.

Según el estudio, los operadores de protección indican que las madres no sólo no están atentas en casa antes de que se ejerza violencia contra sus niños, sino que tampoco denuncian cuando saben que su hijo  fue víctima de violencia o hasta encubren al agresor y obstruyen el proceso judicial.

De acuerdo con Gutiérrez, entre los discursos más  comunes de los  funcionarios están: “Las madres no los cuidan bien a sus wawas, por eso ha pasado eso”  o “¿Cómo sus papás les van agrediendo a sus hijos  y ellas no dicen nada?”, “Tiene hijos,  varias parejas y por eso les pasa” y  “Se llenan de hijos estas mujeres y por eso las agreden”.

En una entrevista con los investigadores, un funcionario de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) de  Trinidad (Beni) comentó respecto a las mujeres que piden ayuda en esa instancia: “Las madres tienen bastantes parejas, tienen un hijo para uno, dos para otro… Ay, no”.

El estudio  indica que  este tipo de discursos evidencian     las contradicciones, los juicios de valor y la diferencia o desproporción con que valoran los roles de género. “Culpan  únicamente a la progenitora por los múltiples embarazos  y por su falta de capacidad en la crianza y educación de los hijos”,  sostuvo Gutiérrez.

Asumen  además la ausencia del progenitor como “normal”. Por esa razón, según  el estudio, la  sociedad “penaliza duramente la falta de lo femenino, pero normaliza la falta masculina”.

Los operadores de protección hasta justifican la irresponsabilidad de los padres y  son perdonados porque  simplemente son varones,  la sanción moral es menor.

“Creo que el tema de la violación puede deberse a que (la familia) vive en un solo cuarto y el papá ve cambiarse a su hija, las ven en sus momentos de niña a adolescente y, ya trastornado  o por las redes sociales, el padre tiene un deseo hacia su hija”, dijo un funcionario de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia  (Felcv) de  El Alto.

En criterio de Gutiérrez,   esas justificaciones como el hacinamiento, la borrachera y los problemas mentales,  entre otros, “terminan disculpando y hasta absolviendo de culpa al agresor”.

De acuerdo con el  psicólogo, Andrés Endara, esa sanción moral mayor a la madre y reducida al padre provoca que la mujer “tenga menos autoestima y mayor carga de responsabilidad”.  Acotó que al final la mujer termina sufriendo  depresión y hasta puede llegar a autolesionarse.

Para la gerente técnico de Visión Mundial, Claudia Escobar, este estudio es un instrumento  para entender y profundizar  la temática de la violencia.

Fuente: Pagina Siete.

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