Inicio / Slider / Whisky, cerveza e invitados VIP, la Libertad está en El Alto

Whisky, cerveza e invitados VIP, la Libertad está en El Alto

¿Cómo fue la inauguración del megaedificio que hizo noticia las últimas semanas por incluir en su fachada una réplica de la Estatua de la Libertad?


Vista del megaedificio Libertad, en Ciudad Satélite. Marco Aguilar / Página Siete

Anahí Cazas  / La Paz

El día de  una de las fiestas más importantes del año  de la ciudad de El Alto, Magalí  se levantó a las 6:00 para  lavar, cocinar y alistar una canasta con  dulces, chocolates y cigarrillos.  Tres días antes ya había coordinado con su mamá la agenda del  sábado 6 de abril: encontrarse después de mediodía en  su casa en  Ventilla  para dirigirse  hasta  Ciudad Satélite, donde se realizaría la inauguración del megaedificio que hizo noticia las últimas semanas por  incluir  en su fachada una réplica de la Estatua de la Libertad,  ícono de Nueva York y  símbolo del  imperio estadounidense.

 “Nos fue muy bien en la  fiesta de la casa de Iron Man. Vendí casi todo. Yo creo que hoy nos irá mejor porque es una construcción  más grande y  tocará Néctar”, dice sonriente  Magalí, mientras se acerca a  los invitados que hacen fila para  ingresar a la inauguración de esta megaobra que ahora  se suma al catálogo de la denominada   arquitectura Transformers.

“Ya no hay paso”, dice  Héctor, taxista  y vecino de Ciudad Satélite, mientras observa  los puestos improvisados de las vendedoras de cerveza y comida. A dos  cuadras del  flamante edificio “Libertad”,  comerciantes   y vecinos montaron una feria. “Turistas de otras zonas de la hoyada han venido”,  comenta a modo de burla  Héctor, quien  horas antes ya había realizado    varias carreras desde la estación  de Ciudad Satélite de la línea Amarilla  del teleférico hasta inmediaciones de la avenida Cívica. 

La pareja   Fernández Landívar recibe a los invitados.
 Fotos: Anahí Cazas  / Página Siete

   A las 18:00, decenas de invitados esperan en fila    en una de las esquinas de la cuadra donde se encuentra  la flamante construcción. Para entrar a la gran fiesta de la familia Fernández Landívar  uno tiene que pasar por tres anillos de seguridad. Primero: verificar su nombre y carnet de identidad en la lista de invitados, documento que manejan celosamente    tres guardias. Segundo: cruzar la información con una base de datos de los organizadores. Tercero:  una revisión minuciosa.   Y listo, ya  es un invitado VIP y puede disfrutar de la fiesta.

Ni  bien uno ingresa al lugar,  la vida es otra. Hay dos escenarios gigantes que tienen todos los  elementos  (juegos de luces, parlantes y  escenografía) para ofrecer conciertos de talla internacional.  Los invitados  charlan en grupos  y  tienen para tomar no menos de cinco cajas de cervezas, además en el piso tienen para beber  botellas de whisky. Todos lucen sus mejores galas:  mantas de encajes, sombreros borsalinos, ternos elegantes de marcas conocidas, como la del conocido maestro Sillerico,  y joyas de oro y de plata. Y algunos cuando sonríen también  lucen sus   dientes decorados con oro.

La música  sólo se paraliza por unos  cinco minutos. Se despide un grupo y de inmediato se prende la luz  del otro escenario. Cuando faltan   unos segundos para las 19:00, el sonido de juegos artificiales anuncia  el ingreso del cantante chileno Américo.  Todos gritan, muchos se  trasladan  cerca del  escenario y   acomodan sus cervezas para disfrutar el show.

   Con un terno oscuro  y elegante, Américo   sorprende a los invitados con  sus mejores éxitos:  Te vas, El embrujo, Que levante la mano, A llorar a otra parte, entre otros. Pero se  lo ve  más sorprendido    a él, quien mientras canta y baila, observa incrédulo el megaedificio Libertad, tal vez le llama la atención los colores o la réplica de  la Estatua de la Libertad,  ícono de Nueva York.   

De rato en rato   el artista se acerca al filo del escenario para saludar y dar la mano a  unos diez invitados  en el área Súper Vip: los dueños, los padrinos de ch’alla, los  integrantes del bloque Hermandad   de Los Catedráticos por Siempre y los presentadores de televisión que fueron contratados para animar la fiesta.  

Amigos y familiares   pasean  y conocen en el salón de fiestas. 
Página Siete

  En medio del espectáculo, que dura más de una hora, el cantante chileno    invita a los dueños a subir al escenario.

 Escoltada por cuatro guardias de seguridad, la pareja Fernández-Landívar se dirige a tan esperado encuentro. La más emocionada es Mabel, quien no puede disimular su alegría.  “Lo tengo cerquita, yo lo disfruto por ustedes”,  dice mientras mira sonriente al artista.   “Es un gusto tenerte en Bolivia, es un honor. Está es mi casita, un sueño realizado. Las puertas siempre están abiertas para ti”,  añade y  regala un matraca de su fraternidad del Gran Poder al cantante  chileno.

  Un poco más tímido y serio, el dueño del megaedificio, Fernández, declara al artista como “su compadre”. “Gracias por venir a  Bolivia y yo sé que volverás  nuevamente”, comenta. Muchos de los invitados saben que   su amigo traerá otra vez al cantante  chileno y  cumplirá  otra vez su promesa, como cuando un día dijo que construiría una casa gigante  y única. Y así fue.    

Como un gesto de gratitud, Américo  invita a los dueños a  bailar   junto a él. “Quieren alguna canción en especial”, les dice y comienza a tararear el tema Necesito un amor. La fiesta sigue.

  “Este edificio es lo más bonito que existe ahora en El Alto”, dice   una  amiga  de los dueños. “¿Quién no quisiera tener un casa así? Por dentro parece un palacio”,  comenta.

 Mientras  suena el tema  Ojitos hechiceros del grupo peruano Néctar, Róger Flores, padrino de ch’alla del edificio Libertad, cuenta que admira a sus ahijados “por animarse a  construir una casa tan grande”. “Para mí, este edificio es un aporte importante para la ciudad de El Alto”,  asegura  y revela que conoció a la pareja en Sica Sica, donde cada año Mabel y su esposo bailan  en la fiesta folklórica.

    Como padrino, Flores cuenta que  obsequió  la decoración del inmueble  y de  todos los elementos para la gran  ch’alla.

 En la  celebración también los invitados hacen otra fila para comprar cajas de  cervezas como regalos.  Casi todos compran mínimo   ocho cajas.

 Ajetreados, los garzones  ayudan a trasladar y acomodar las cajas de cerveza   cerca de la puerta del salón de fiestas, donde una joven anota  los nombres de los invitados y  un detalle  del obsequio. Los Férnandez-Landívar reciben  los regalos  de los visitantes con  sonrisas, abrazos, mixtura y una variedad de cocteles. Los invitan, además, a conocer el salón de fiestas del edificio Libertad.

Apenas uno ingresa al lugar, se encuentra  con una  pantalla  que muestra  las  características del diseño de la obra   y confirma uno de los grandes rumores: la casa sí tendrá un helipuerto.

Como si fuera un museo, los invitados  hacen recorridos  y  se sacan selfies en el salón de fiestas, que se caracteriza por   los colores metálicos y las formas robóticas.

 “Conozco a los dueños desde hace siete años. Son personas muy  sensibles, cariñosas y amables,  siempre están  dispuestos a ayudar a los demás”, dice Roxana Alarcón, comadre de la pareja y compañera de  su  fraternidad  de morenada.  Cuenta  que los esposos Fernández-Landívar  son abogados y estudiaron en la Universidad Salesiana. Revela  que primero ejercían   la carrera de Derecho, pero después se dedicaron a otro negocio.  “Ellos traen joyas, importan desde China”,  añade con recelo.

Consultada sobre qué opina de las críticas respecto a los excesivos gastos para  organizar la  fiesta, Alarcón responde tajante: “Yo pienso que cada quien gasta su dinero como puede. Ellos son   personas muy trabajadoras (…). Yo conozco muchas personas con el mismo recorrido de los Fernández. Se sacrifican mucho, trabajan día y noche. No es fácil”. “Yo pienso que cada quien tiene su dinero de acuerdo a cómo trabaja”, añade con un tono   que mezcla  seriedad y molestia.

Los dueños  del megaedificio Libertad, ubicado en El Alto,  junto al  cantante  chileno Américo.
Página Siete

Además de visitar el elegante local, los  invitados tienen  la opción de sacarse fotos y selfies con los presentadores de  televisión de RTP y Bolivisión.

Uno de ellos y el más cotizado es  Héctor Uriarte, quien amable y sonriente acepta sacarse selfies con las invitadas. “Es la primera vez que participo en un evento tan grande”, dice y recuerda que antes ya había sido convocado para animar festividades de las fraternidades de Gran Poder.

   “He quedado sorprendido por el impacto que ha tenido en las redes sociales. No sabía que era un evento de tal magnitud. Estoy emocionado y contento”, comenta Uriarte. Asegura que recibió la invitación dos  meses antes de la fiesta. Se encontró con la familia Fernández y escuchó  un adelanto de cómo  sería la gran celebración. “(Por el diseño del edificio) los dueños han dicho que quieren reflejar de alguna manera la libertad en todos sus aspectos”, resalta. Tal vez  entre  algunos de  los aspectos está  “ser libre de amar y de vivir la vida”.

 ¿Qué opina  de las críticas por derrochar tanto dinero?  Como  en un papel de mediador, Uriarte  responde que    ha tratado de  conversar   con muchas fraternidades  folklóricas para pedirles que  con una pequeña parte del presupuesto de sus fiestas ayuden a las personas que necesitan. “Alguna vez ya lo han hecho”, dice, en referencia a las campañas solidarias que realizan desde el canal de televisión donde trabaja.

      La mamá del dueño del megaedificio correteaba afanada en el salón de fiesta, vigila en silencio los movimientos de los garzones que  acarrean cajas de cerveza y botellas de   whisky.   Uno de ellos dice que la mujer  habla muy poco y  que  sólo entiende aymara.

 A su lado, otra  mujer, vestida con una elegante manta y pollera, saluda muy amablemente y dice: “Nosotros somos las mamás. Yo soy  mamá de Mabel y ella de Carlos”. “Me siento muy orgullosa, sé que les ha costado mucho. Se han sacado la mugre para lograr esta casa, han viajado a China y han traído mercadería, han acomodado con un trailer”, comenta Victoria Tambo, madre de la dueña del edificio Libertad.   “También nosotros como mamás hemos ayudado”, explica la mujer de 55 años.

 “¿Qué dirán ahora?, tal vez de envidia se deben morir”, dice Tambo, mientras observa a los cientos de invitados VIP que bailan  al ritmo de Néctar.

    Sentada en la puerta de  una casa que se encuentra casi al lado de la megaobra, Beatriz Carvajal  reniega y dice que  los vecinos se sienten maltratados. “Cómo van a cerrar las calles?. ¿Qué se cree? ¿Una diosa?”, comenta y aclara que  recién llegó desde Cochabamba. Ante tanta expectativa de las personas, que  días antes  ya fueron a ver  la construcción, los vecinos  instalaron puestos de venta de chicharrón, salchipapa, pollos fritos y cajas de cerveza.

Y más  que una diosa, la dueña del edificio Libertad, parece  una estrella de un reality show. En  toda la celebración, ella y su esposo son  perseguidos por  los camarógrafos que contrataron, además   un fotógrafo  camina detrás de la pareja para retratar  cada instante.

 Los esposos  Fernández-Lándivar  no son los únicos  cotizados de la gran fiesta.  El diseñador del megaedificio   Santos Churata  es también el más requerido por los invitados. Algunos sólo quieren darle una sincera felicitación, otros quieren contactarlo para construir su casa al estilo de la arquitectura Transformers. “Yo sueño con  una casa dedicada al Spider-Man”,  comenta uno de los visitantes. “El Alto ahora es una ciudad de progreso y se merece este tipo de casas”, acota.

Néctar se despide del  público y de inmediato se prenden  las luces del otro escenario. Es K’alaMarka. Según una de las invitadas, es el grupo boliviano favorito de la pareja. Desde el otro lado de la calle, vecinos no invitados, curiosos y vendedores de cerveza protagonizaban otra gran fiesta. “Después de K’alaMarka, seguro entrará Maroyu”, dice uno de los jóvenes que conocía las cartelera gracias  a  una publicación en redes sociales.

Magalí sigue en el mismo lugar: en la fila interminable de los invitados VIP  que seguían llegando a la celebración. “Muy linda la fiesta. He disfrutado más que en la de Iron Man”,  comenta.

Fuente: Pagina Siete.

Vea También

Mercado mundial en crecimiento. Fabricación de baterías de litio enfrenta retos

El triángulo del litio, Bolivia, Chile y Argentina, con las mayores reservas, avanzan a ritmos …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *