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Derroche de cerveza y baile en El Alto: Iron Man invita

Algunas mujeres llevan sus mejores conjuntos en joyas de plata; hay de todo y todos los que llegan son bien recibidos por los anfitriones.

La fachada del salón de eventos Iron Man.
Wara Arteaga / El Alto
“Una amiga me invitó por Facebook”, le explica un muchacho a uno de los guardias que vigila el ingreso a la fiesta de inauguración del esperado salón de eventos Iron Man. Son poco más de las 22:00 horas y hay al menos una docena de jóvenes esperando un “milagro” para entrar a tan anunciada fiesta.

Cuatro horas antes el ingreso al local está cubierto por una pequeña fila que muestra la respectiva invitación a uno de los seis guardias que vigilan la entrada. ¿Cuál es el regalo adecuado para la inauguración de un local?, me pregunto al subir las gradas del pasillo que conducen al enorme salón de fiestas.

Acá la respuesta está más que clara. Un arco que tiene el rótulo de “Paceña Bicentenario” da la bienvenida a los invitados. Cada pareja lleva, por supuesto dos, tres, cuatro o hasta ocho cajas de cerveza. En ese momento pienso que el poco dinero que llevo conmigo no me alcanzaría ni para una caja de 12 botellas.
Celia Patzi y Pablo Poma, los anfitriones visten unos trajes de gala muy bien combinados. Ella viste un conjunto de polleras y manta color rosa, él un traje café con camisa rosada. Ambos destacan por unas bandas de aguayo de las que prenden cucharas y platería similar. Las cámaras instaladas al interior del local no pierden un solo detalle, y cada momento es transmitido por una pantalla gigante.

Aquí todos los que llevan invitación son bien recibidos. Algunas mujeres llevan sus mejores conjuntos en joyas de plata, oro o perlas, lo que mejor combine.

Las muchachas están muy arregladas: con tacos, vestidos, conjuntos o jeans y peinados muy elaborados. Estamos otros que vestimos de manera casual, con botas para caminar; hay mujeres que llevan una manta de vicuña como símbolo de estatus. Hay de todo y todos los que entran son bien recibidos.

El regalo de parte de los padrinos de ch’alla llega a las 19:45, en medio de un estallido ensordecedor. Toda la familia sale para ver un espectáculo de fuegos pirotécnicos que se instaló en medio de la calle. Los protagonistas de la fiesta se acomodan detrás de unas anticucheras. En ese momento, el único movimiento que existe es el de las luces que estallan en el cielo, justo por encima del edificio.

Minutos después comienza la verdadera fiesta. No fue la música, ni la poca gente que había hasta ese entonces, sino la bebida y el baile los que cambiaron el evento.

“Ahora no quiero contigo, pasar mi vida llorando”…, mientras Huayna Wila canta, la pista de baile ya está repleta. Las parejas bailan con vasos y botellas de cervezas, otros ponen al medio una caja, para servir a quienes se acerquen. Poco a poco el piso se ha vuelto un charco y al calor del alcohol se puede ver a varias personas abrazadas.

Con las canciones más románticas de su repertorio llega La Bamba. Son las 10 de la noche y la cena está servida, pero a esa hora no se puede caminar por la cantidad de gente y los platos desaparecen apenas salen de la cocina. Bailar, comer, hablar, todos están ocupados en algo.

En un rincón de la pista de baile, un niño con una goma de limpiar pisos, mira el escenario un poco abatido, un poco resignado frente al lago en el que se ha convertido la pista. Los anfitriones, aunque han bebido bastante, se muestran amables con todos, entonces recuerdo que días antes una de las hijas de la pareja me comentó que sus papás jamás habían organizado una fiesta y que este tipo de cosas se hacen sólo una vez en la vida.

En la puerta, la mayoría de los chicos quieren curiosear un poco sobre lo que tanto se ha hablado las últimas semanas, los pisos, las pantallas, las cámaras de seguridad o el diseño interior acorde con la temática del superhéroe. Todos querían ser parte de las costumbres que congregan a los que están adentro.
Fuente: Pagina Siete.

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