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La vicepresidenta de Nicaragua lideró la respuesta a las protestas contra Ortega

Una serie de correos de Rosario Murillo muestran cómo ella se puso al frente de la crisis ordenando la movilización de las bases sandinistas frente a las manifestaciones
CARLOS SALINAS

El presidente Ortega y la vicepresidenta Murillo. GETTY/AFP
El pasado 20 de abril Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua y esposa del presidente Daniel Ortega, ordenó a los secretarios políticos del Frente Sandinista en las instituciones públicas del país la “toma inmediata” por los funcionarios del Estado y simpatizantes del partido de los puntos más importantes de Managua para contrarrestar las protestas que habían iniciado dos días antes y que exigían el fin de once años de Gobierno sandinista.

Las manifestaciones habían comenzado el 18 de abril como respuesta a la imposición de una reforma a la Seguridad Social que Ortega había decretado sin consenso y que era rechazada por los jubilados y por la empresa privada. Un grupo de ancianos y jóvenes se manifestó en Managua y otras ciudades del país contra esas reformas y el Gobierno envió a la Juventud Sandinista –grupos fanatizados bajo órdenes del FSLN– a reprimir a los manifestantes. Las imágenes de ancianos ensangrentados, periodistas agredidos y jóvenes brutalmente golpeados enardeció a la nación y al día siguiente, el 19 de abril, comenzó un levantamiento ciudadano inédito en los últimos 40 años en Nicaragua.

Una serie de correos electrónicos a los que ha tenido acceso Confidencial de Managua –y que han sido compartidos con EL PAÍS– muestran que la respuesta inicial a la crisis la dirigió Murillo, quien se autoproclamó como secretaria general del FSLN y prácticamente asume las funciones de presidenta. En esos primeros días fue notoria la ausencia del presidente Ortega. Este diario ha tratado de recabar la versión de Murillo al respecto, pero no la vicepresidenta nicaragüense no ha respondido a las peticiones.

19 de abril: “vamos con todo”
El 19 de abril Murillo ordenó a los secretarios políticos del FSLN, a través de sus correos, que se reunieran en Managua para planificar la estrategia a seguir frente a las manifestaciones. Esa reunión se realizó en el Parque Japonés de Managua en horas del mediodía y en ella participó Fidel Moreno, secretario de la Alcaldía capitalina y leal operador de Murillo. Ligia Gómez, exgerente de Investigaciones Económicas del Banco Central de Nicaragua y secretaria política del FSLN en esa institución, dijo en una entrevista exclusiva con el periodista Carlos Fernando Chamorro que la orden de la vicepresidenta fue: “Vamos con todo”, en relación a reventar las protestas. “La orientación que recibimos de él (Fidel Moreno) en la reunión fue ‘vamos con todo, no vamos a dejar que nos roben la revolución’”, explicó Gómez.

De ahí se desprendieron una serie de órdenes que incluían la movilización permanente de los trabajadores públicos, así como activar la propaganda del Estado. Los correos de Murillo muestran cómo las protestas tomaron por sorpresa al Gobierno, que intentó convencer a los trabajadores públicos y sus bases de que mantenía el control de la situación. Gómez dijo que Ovidio Reyes, presidente del BCN, se reunió con Murillo y junto a los ministros del Gabinete recibió la orden de tranquilizar a las bases, asegurándoles “que aquí no pasa nada, el poder está totalmente seguro, ustedes estén tranquilos, aquí solamente se dio un pequeño error, de haber tocado algunos jóvenes y algunos ancianos, ya sabemos que eso no se debe de hacer, y la oposición está totalmente dividida, no existe ninguna oposición, nadie tiene un Daniel Ortega como tenemos nosotros, así que el poder va para largo”.

El trabajo de Gómez era garantizar que se cumplieran las órdenes que llegaban desde la Jefatura Nacional del Frente Sandinista. El relato de la mujer, ahora en el exilio en Estados Unidos, muestra que el Gobierno aceptó el error de haber atacado a jóvenes y ancianos que el 18 de abril se protestaban en Managua, aunque no supo manejar la situación con pragmatismo y más tarde desataría una brutal represión que ha dejado 325 muertos constatados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

20 de abril: La “toma” de Managua
Ese día la violencia ya sumaba 19 muertos. La orden de Murillo fue exigirle a los secretarios políticos del Frente Sandinista una movilización para hacerse con el control de Managua, dado que el Estado ya no controlaba las calles frente a las protestas que se habían convertido en masivas demostraciones de rechazo.

“Debemos garantizar la presencia inmediata de toda nuestra militancia institucional en 61 puntos emblemáticos de nuestra ciudad, así como toda la logística requerida, en coordinación con nuestros Secretari@s Polític@s Distritales (sic), estaremos en posesión de estos puntos por tiempo indefinido”, detalla la orden. La toma de Managua, sin embargo, fracasó y Murillo, incansable, dio nuevas órdenes a los secretarios del partido.

22 de abril: Movilizar la propaganda
Tras ese fracaso y con las protestas esparciéndose a nivel nacional, Murillo orientó el 21 de abril a todos sus secretarios políticos a “coordinar acciones a los inmediato” en todos los distritos del país, aunque en ese correo no se detalla qué tipo acciones tomarían.

Murillo había recomendado a los empleados públicos organizar “cadenas de oración” y el día 22 ordenó a sus hijos al frente del poderoso aparato mediático de la familia Ortega Murillo iniciar una campaña en canales, redes y radios contra quienes denominó “promotores del odio”. Ella misma se mostró incansable en esos canales, en los que aparecía día y noche con discursos que mezclaban lo místico religioso con mensajes de paz. El tono de Murillo cambió con los días, cuando comenzó a acusar a los manifestantes de “vandálicos”, “vampiros que reclaman sangre”, “seres mediocres” y “almas mezquinas”.

El correo iba dirigido a Daniel Edmundo Ortega, Juan Carlos Ortega y Maurice Ortega, quienes controlan los cinco canales de televisión que forman parte del aparato mediático de la familia Ortega y Murillo, incluido el Canal 6, supuestamente público, pero manejado con discrecionalidad por los hijos de Ortega y convertido en caja de resonancia de la propaganda oficialista.

“Nicaragua vive momentos trágicos y dolorosos, inimaginables hace unos cuantos días. Quienes abonan al mal, manipulando Conciencias y Voluntades, no nos ganarán la partida”, escribió Murillo a sus hijos. “Denunciemos la barbarie, la criminalidad, el saqueo, el pillaje que se ha ensañado en Escuelas, Unidades de Salud, Mercados, Supermercados, Centros de Trabajo de muchas Familias y Hogares que sólo quieren ganarse la Vida honradamente, y prosperar”, agregó la mujer, quien propuso cuáles serían las etiquetas que se moverían en los medios y redes oficiales: #NOALSAQUEO !, #NOALAVIOLENCIACRIMINAL !, #NICARAGUAQUIEREPAZ !, #TRABAJOYPAZ !

“Denunciemos cada intento, cada amenaza, cada asalto a Instituciones, Centros de Trabajo, Centros de Salud, Centros de Estudio. Denunciémoslos instantáneamente a través de nuestros Medios. Esta és (sic) la Defensa de la Vida. Con la denuncia mediática y por Redes, y la actuación valiente en cada lugar, defendemos la Vida… Denunciemos constantemente y tomémonos las Redes para que esta Denuncia y este Clamor Nacional de Paz, Diálogo y Unidad, vaya asentando Cordura y procurando Concordia”, exigió Murillo.

23 de abril: Convocatoria a todas las bases sandinistas
Ese día reveló en uno de sus correos que habían hecho una convocatoria a lo que se conoce como las “bases históricas” del Frente Sandinista para que se unieran a la estrategia del Gobierno en su desesperación por sofocar las manifestaciones. Esos “cuadros” históricos son exmiembros del Ejército Popular Sandinista, oficiales en retiro y quienes se enfrentaron a la dictadura de Somoza en la década del setenta.

“Continuamos trabajando para incorporar a tod@s l@s Herman@s (sic) Sandinistas que están llegando, que se están convocando, que están disponiéndose a la Orden del FSLN y de nuestro Comandante Daniel, para trabajar en todas las Misiones de Defensa del Amor, la Paz y la Vida. Amanecimos Hermanad@s, cada vez más Hermanad@s, l@s Sandinistas, la Militancia, Histórica, Actual, la Juventud, tod@s clar@s de los Mensajes que emiten las Derechas, y cada vez más clar@s de lo que nos corresponde defender : La Reconciliación, la Unidad y la Patria Libre de Odio !”, escribió Murillo en su acostumbrado estilo, que no respeta reglas de la ortografía y del idioma.

“En cada Municipio, Comarca, Comunidad, Departamento de nuestro País, nos convocaremos a Jornadas y Vigilias de Oración por el Diálogo y la Paz, como Herman@s nicaragüenses, como Familias nicaragüenses, que estamos segur@s de lo que Nicaragua quiere y necesita: Trabajo, Paz, Tranquilidad, Seguridad”. Las vigilias a las que Murillo se refiere intentaban contrarrestar las reuniones que centenares de personas hacían en los principales puntos de Managua en honor a los asesinados por la represión, que ya sumaba 38 víctimas mortales.

Fue este día que Ortega compareció a través de una intervención televisada para informar que retiraba la polémica reforma a la Seguridad Social, que entre otras medidas reducía las pensiones en un 5%. El mandatario aceptó que sus propuestas no tuvieron “viabilidad” y crearon una “situación dramática”, por lo que daba marcha atrás en su implementación.

La decisión se tomó muy tarde. Se había desatado una indignación general por la respuesta inicial a la crisis, que llevó a la gente a levantar barricadas en todo el país. Ortega se pondría al frente y respondería con más represión. Vino entonces la llamada “Operación Limpieza”, la toma de las ciudades rebeldes, las caravanas de encapuchados con armamento de guerra y la imposición de un estado de sitio. Murillo quedó recluida a sus mensajes a través de los canales oficiales, aunque analistas en Managua aseguran que las decisiones se toman a nivel de matrimonio.

Nicaragua cumplió el 18 de noviembre siete meses de crisis, que ha dejado centenares de muertos, más de 400 mil desempleados, más de 400 presos y un éxodo de más de 40 mil nicaragüenses que buscaron refugio en Costa Rica. La crisis parece no tener salida por la negativa del Ejecutivo de regresar a una mesa de negociación mediada por la Iglesia. La estrategia es mantener el poder a toda costa para que “nada ni nadie altere nuevamente esta Patria”, como dijo Rosario Murillo la tarde del miércoles.
Fuente: El Pais.

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