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INVESTIGAN ORGANIZACIÓN CRIMINAL EN COCHABAMBA. Abogado hizo torturar al varón que le crió y le dio su apellido

La reserva de este caso ha sido levantada y el relato de las víctimas es estremecedor. El jurista dijo en su audiencia que era mentira y que fue su padre el que le declaró heredero.

JANETH Y SU ESPOSO JULIÁN NO HAN DEJADO DE ORAR POR JUSTICIA. OPINION
A Julián T.R. aún no le cabe en la cabeza que el hombre al que él crió desde que era un niño de dos años, y al que le dio su apellido tras casarse con su madre, se haya convertido en la persona que un día irrumpió en su hogar con un séquito de cómplices para ordenar que lo golpeen, lo encañonen con un arma, y lo torturen, con toques eléctricos, para arrebatarle su casa y una camioneta.

Julián conocó a la madre de del abogado Jhasmany hace varios años. Ella tenía cuatro hijos y él se hizo cargo de todos. Los quiso como si fueran sus propios hijos. Hace varios años, la madre enfermó y Julián se encargó de costear todos los tratamientos médicos para salvarla. Incluso vendió algunos bienes para ello. Los hijos no ayudaron. Pese al esfuerzo, su esposa falleció.

Julián se refugió en su fe para salir de su tristeza. Es cristiano evangélico y hace tres años conoció a una mujer, Janet, en su iglesia. Ella tenía un hijo y compartía su fe.

Hace dos años se casaron y se fueron a vivir a la casa que Julián y su primera esposa construyeron trabajando juntos, en la zona del Temporal. Allí, el hombre tenía un taller de costura en el que trabajaba con una operaria. Julián siempre pensó que a su muerte, esa casa y todos sus bienes serían la herencia de los cuatro hijos a los que amó como suyos.

A las 7:00 de la mañana del 4 de febrero de 2017 tocaron a la puerta de la vivienda. Janeth fue, sentado en la jardinera de la puerta. Llamó a su esposo y Julián salió. El abogado le dijo: “Don Antonio (su segundo nombre), he venido a conversar”.

Y el dueño de casa lo invitó a pasar al comedor. Sin embargo, tras él ingresaron entre 13 y 15 personas. Mientras entraban se fijó en que algunos de ellos estaban vestidos con uniformes policiales.

El hombre pensó que Jhasmany pretendía conversar sobre la herencia. El jurista preguntó quiénes más estaban en la casa y le pidió que llame a todos. Julián convocó a su esposa y al hijo de ella.

Según el relato, Jhasmany sacó un folder en el que había certificados de nacimiento de la esposa de su padrastro. Mientras hablaba, se dirigió a sus acompañantes como: ‘señores policías, señor notario, señor fiscal’ y tomó otro folder del que extrajo un registro. En este documento, se había declarado a sí mismo como heredero del 50 por ciento del inmueble, olvidando incluso a sus otros hermanos.

Jhasmany le comunicó al hombre que llama padre que ya había decidido dar en anticrético la planta alta de la casa y les advirtió que ellos podían vivir, si así lo querían, en la planta baja. Janeth le dijo que ella entendía perfectamente que ese inmueble era un bien ganancial de sus padres, pero no podían compartir ambientes con personas extrañas. Entonces, Jhasmany sacó de su mochila dos documentos y le exigió a Julián que los firme. Él se negó diciéndole que llamaría a su abogada para hablar delante de ella. La defensora no atendió el teléfono y al volver al comedor, el hombre fue golpeado varias veces en el estómago por uno de los cómplices del abogado. Otro sacó un arma de fuego y se lo puso a la cabeza obligándolo ir hasta la mesa para firmar. Julián se negó, por lo que fue sometido a varios toques eléctricos. “Doctor, si no firma, lo matamos y, lo metemos a saco y un viajecito a Chile los tres”. Ante la resistencia de su padrastro, Jhasmany ordenó que lleven a su esposa y al hijo de ella. “¿Cuánto amas a tu esposa?”, le preguntó, mientras encañonaban a la mujer. Julián dice que no respondió y solo oraba. Luego le apuntaron al hijo de ella. Entonces Janeth se quebró y le rogó a su esposo que firme. Él lo hizo, sin leer nada. Mientras unop de los cómplices filmaba todo, Jhasmany le exigió a su padrastro que le entregue las llaves de la casa y de la camioneta, que él alegaba que le pertenecía a su madre. Julián se las dio.

Luego, el abogado les dio un plazo de tres días para dejar la casa, advirtiéndoles que si no se iban “violarían y matarían”. Ordenó que carguen a la camioneta una cama y un tocador en el que estaban las joyas y el dinero de Janeth. Al irse, para intimidar a la familia, les dijo que ni se atrevieran a denunciarlos.Miró a sus cómplices y gritó: “¿Quién domina a la Policía, a fiscales y jueces?”. A coro, les respodieron: “¡Usted doctor!”

Aterrorizados, Julián, Janeth y el hijo de ella salieron de la casa el mismo día. Hoy viven en dos ambientes en la zona sur, donde además funciona el talle de costura.

6 delitos

El abogado fue imputado por organización criminal, robo agravado, privación de libertad, coacción, vejaciones y torturas. Una jueza ordenó su detención domiciliaria.

“Ministros, cumplan su palabra”
Julián y Janeth nunca sentaron denuncia. Solo doblaron rodillas rogando por justicia. “Desde el 4 de febrero, son 625 días orando a nuestro Dios, y salió el mecánico denunciando su secuestro y torturas. Esa ha sido una respuesta de Jesús a nuestro clamor ”, cuenta Janeth llorando. La pareja fue convocada después a declarar sobre lo que les ocurrió y este segundo caso fue abierto de oficio. Por la gravedad de los delitos, creían que los jueces optarían por defenderles como víctimas. “En el periódico OPINIÓN leímos que el Ministro de Gobierno y el de Justicia prometieron desarticular este grupo. Nosotros creemos que Dios se mueve a través de autoridades, pero las de acá parece que son dominadas por este abogado, tal como nos advirtió. Por eso le pedimos a los ministros que cumplan su palabra de defendernos a las víctimas. Yo les pido que hagan justicia y que vigilen a policías y jueces que encarcelan por tonterías, pero, a este hombre que hizo torturar a su padre, lo protegen”, sostuvo Janeth.

Fuente: Opinion

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