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Cómo Prevenir El Cáncer De Mama


a primera vez que compraste un brasier, seguramente amaste tus senos (o los odiaste). Durante tu adolescencia, esos pechos constantemente te recordaron que eras una mujer en entrenamiento. Los quisiste más grandes, y luego rezaste para que dejaran de crecer. Fueron la razón de tus inseguridades: ¿por qué uno es más grande que otro? ¿por qué los míos no son tan grandes/suaves/firmes? ¿por qué se están cayendo?

La verdad es es que sin importar qué es lo que sientas sobre tus senos (amor, odio, resentimiento, admiración), son parte de tu identidad. Razón por la cual te debería preocupar el cáncer de mama.

Tus senos pueden decir mucho de tu salud, incluyendo fluctuaciones hormonales, tu peso y el embarazo. Y si aparecen bolitas en ellos, sabes que pueden ser señal de algo más siniestro.

Según Excelsior, el cáncer de mama es la primer causa de muerte entre mexicanas. 15 mujeres mueren al día a causa de este cáncer y se diagnostica un caso nuevo en el mundo cada 30 segundos.

La buena noticia es que cada vez son menos mujeres las que mueren por cáncer de mama. Hoy en día las mujeres tenemos un mayor control sobre la enfermedad de lo que imaginamos. Todo lo que hacemos, desde levantarnos de la cama, hasta la cena que preparamos, es un factor que puede apagar o prender el swtich genético que produce cáncer.

Desafortunadamente el factor de riesgo principal del cáncer de mama es ser mujer, pero podemos tomar otras medidas preventivas para disminuir nuestras probabilidades de desarrollar esta enfermedad.

Descubre la densidad de tus senos
Saber si tienes senos densos es una de las nuevas formas para protegerte. Si tienes más tejido que grasa (que es común en mujeres jóvenes) el cáncer se vuelve más difícil de detectar a través de una mastografía. Esto sucede porque, tanto los tumores como el tejido del seno se ven blancos, mientras que la grasa se ve oscura.

Pero más importante que eso es que tener senos densos incrementa el riesgo 6 veces más de desarrollar cáncer de mama. Los expertos no saben por qué pasa esto, pero está confirmado por la Organización de Cáncer de Mama.
Muévete
El ejercicio te protege del cáncer de mama en diferentes formas. Primero, ayuda a controlar tu peso. Un estudio hecho por la Biblioteca Nacional de Medicina descubrió que las mujeres que ganaban entre 10 y 14 kilos después de los 18 años, tenía 40% mayores probabilidades de desarrollar cáncer de mama.

Esto es culpa del estrógeno que estimula el sobrecrecimiento de las células y, por ende, del cáncer de mama. Antes de la menopausia, la mayoría del estrógeno se producía por los ovarios. Después de la menopausia, los ovarios detienen la producción y la mayoría se convierte en tejido adiposo. Mientras más grasa tengas en el cuerpo, más estrógeno habrá.

Y no es que tengas que ir al gym todos los días. De hecho, la Asociación Americana de Cáncer recomienda hacer 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada a la semana.

Conoce el historial de tu familia materna y paterna
Del 5 al 10% de los cánceres, incluyendo el cáncer de mama, son hereditarios. Los diagnósticos múltiples en ambos lados de tu familia pueden ser pista suficiente de un vínculo hereditario. Así que asegúrate de echar un vistazo en tus familiares de segundo y tercer grado (tías, primos, etc.)

Evita pruebas innecesarias
Es irónico, pero las mastografías son los chequeos más populares y su radiación ionizante son un factor de riesgo de la enfermedad porque causan mutaciones en el ADN de las células.

Esto no significa que debas cancelar tus mastografías anuales, pues emiten dosis muy pequeñas de radiación y si siguen las pautas generales, no serán un gran problema.

De hecho, lo mismo ocurre con las radiografías dentales anuales y el control de seguridad del aeropuerto, y si tu médico dice que necesitas una radiografía de diagnóstico por cualquier motivo, el riesgo de exposición mínima a la radiación se ve compensado por la posibilidad de diagnosticar un posible problema médico.

Come bien
La investigación continúa produciendo pruebas prometedoras de que la dieta puede afectar el riesgo de cáncer. Por ejemplo, los investigadores de Harvard descubrieron recientemente que las mujeres que tenían los niveles más altos de carotenoides en la sangre tenían un riesgo menor del 19% de desarrollar cáncer de mama.

Los carotenoides, pigmentos vibrantes que actúan como antioxidantes, se encuentran en frutas y verduras como las verduras de hoja verde, zanahorias, papa dulce, tomantes y pimientos rojos.

Foto: Archivo Eme de Mujer
Fuente: El Universal.

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