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Fernando Osorio: Poner límites a nuestros hijos es un acto de amor

Fernando Osorio: Poner límites a nuestros hijos es un acto de amor

El psicólogo Fernando Osorio llega a Bolivia para dar un ciclo de conferencias. FOTOS: Cortesía La Casa del Adolescente
Alejandra Pau / La Paz

Fernando Osorio, psicólogo egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina, se encuentra en Bolivia para dar un ciclo de conferencias gratuitas denominado Qué función cumplen los padres. Problemas actuales en la crianza. La primera se realizará esta noche en el colegio Calvert a partir de las 18:30.

Posteriormente, Osorio se trasladará a las ciudades de Sucre, Cochabamba y Santa Cruz durante los siguientes días para continuar con el ciclo de conferencias que son apoyadas por el proyecto La Casa del Adolescente.

El psicólogo trabaja hace más de tres décadas con niños y adolescentes con problemas de conducta y sus familias, y es autor de varias publicaciones respecto a esta problemática y a otras como el bullying, el cyber bullying, autolesiones en la infancia y la adolescencia, entre otros.

Durante una entrevista con Página Siete, Osorio habla de los retos de imponer límites a los hijos y los principales problemas de ejercer la paternidad y la crianza en pleno siglo XXI, aspectos que se abordarán durante las conferencias que están dirigidas a padres, profesores y profesionales que trabajan en este ámbito.

¿Cuál es el objetivo de la serie de conferencias que dará en cuatro ciudades de Bolivia?

La idea es poder explicarles a los padres las razones por las cuales un hijo se vuelve transgresor y también trabajar con los docentes para poder entender por qué un alumno se vuelve transgresor. Voy a tratar de explicarles las razones que originan esa conducta, que está íntimamente relacionada con los procesos de crianza y los modos en los que los adultos, responsables de la crianza, ejercen la autoridad y la manera a través de la cual en la mente de los niños se imprime, se registra, respecto al valor de la norma, a la transgresión, a la consciencia moral, al sentimiento de culpabilidad, etc.

Les voy a explicar cómo se le arma la cabeza a un niño pequeñito para poder entender dónde falla ese registro.

¿Cuáles son los problemas de conducta más recurrentes en niños y adolescentes con los que usted ha trabajado? ¿Han cambiado a lo largo de los años?

La característica que tienen en esta época es que hay un registro de impunidad frente a la transgresión. Los niños y los adolescentes incorporan, desde la percepción que tienen del entorno social, mucha impunidad frente a la transgresión, entonces ellos incorporan la idea de que está bien transgredir y que no hay ningún tipo de sanción por ello.

Vivimos, sobre todo en los países de Latinoamérica, un periodo en el que se están revelando altos niveles de corrupción social, entonces lo que tenemos que tener en cuenta es el modo en que las familias reciben esta impronta de lo social (…).

Los chicos se animan a hacer cosas mucho más riesgosas que los llevan a situaciones de mucho peligro. A muy temprana edad empiezan con el consumo de alcohol, sustancias tóxicas, pretenden manejo de dinero, permisos para salidas. Tienen vínculos amorosos, sexuales, eróticos que corresponden a una edad más avanzada. Lo que yo denomino es que los chicos tienen una autonomía anticipada que es otorgada por los adultos que ya no saben qué hacer con ellos (…).

En un mundo en el que, por lo general, ambos padres trabajan ¿Qué pueden hacer para no darle una autonomía anticipada a sus hijos?

El ejercicio de una autoridad positiva con los hijos, que es amorosa, que es contenedora, no tiene que ser solamente eficaz cuando los padres están presentes. Justamente, la palabra de los padres es eficaz cuando los hijos la respetan aún en su ausencia (…).

La autonomía anticipada es un problema en que los padres no ejercen su función estén presentes o no, entonces estos chicos creen que se crían solos (…) y creen que porque los padres no están en casa pueden hacer cualquier cosa.

¿Cómo pueden lograr ejercer autoridad aún en su ausencia?

Muchas veces los padres me dicen en la consulta que como están tan poco tiempo con los hijos, el poco tiempo que están con ellos tratan de que sea un momento de placer, de diversión y habitualmente no los retan o ponen en penitencia por alguna transgresión. Lo que yo les digo es, “bueno, entonces estos chicos son huérfanos”, porque están todo el día sin padres y cuando finalmente aparecen no ejercen su rol. Estos chicos son huérfanos porque nadie ejerce el rol parental que tiene que ver con la norma.

La realidad, es que a los padres en la actualidad les cuesta mucho asumir que son responsables de la crianza y que tienen que transmitir conciencia moral, sentimiento de culpabilidad, respeto por la norma y la autoridad. Esto no atenta contra los derechos individuales o el proceso de crecimiento de un niño.

¿Toda transgresión es mala? ¿No ayuda que un niño exprese diferentes posiciones en lugar de que obedezcan todo lo que se les impone?

En realidad, lo que ocurre en esta época es que hay un estímulo de la transgresión, no un estímulo del ejercicio de la autonomía (…), uno tiene que poder diferenciar. La autonomía productiva es un cierto desafío que tienen los niños y los adolescentes, que no tiene que ver con transgredir la norma sino con un afianzamiento de la personalidad y el carácter, que es altamente positivo.

Eso estimula el crecimiento, la evolución, el libre albedrío, el criterio; pero tiene que ser conducido por los responsables de la crianza. Los padres o los docentes tienen que tener la capacidad para diferenciar cuando un niño o adolescente transgrede por autonomía o lo hace por desafiar la autoridad del adulto solamente.

¿Qué es lo primero que un padre o docente tiene que hacer cuando se ve desafiado por su hijo o alumno?

Lo primero que tiene que hacer es revisar el modo en el que ejerce su rol porque cuando un niño transgrede la norma parental es porque hay algo que no le quedó en claro, o a ese alumno en el caso del docente, respecto a la posición del adulto (…).

Lo primero que un adulto tiene que preguntarse es: ¿cómo interpreta ese niño o ese adolescente la función que cumple ese adulto para que sea capaz de transgredir sus normas? Primero, la mirada tiene que ser sobre el propio rol, el adulto tiene que mirarse a sí mismo para poder pensar cómo está transmitiendo el ejercicio de la autoridad que al alumno o a su hijo no le está quedando claro lo que tiene que hacer (…).

Después de verificar si se está cumpliendo correctamente con ese rol, pero si el problema se mantiene, hay que tratar de ver si a ese hijo le está pasando algo más allá de él y analizar las variables que trascienden el ejercicio de su rol.

¿Qué pasa cuando los padres ponen normas que ellos no aplican para sí mismos?

Esa es una muy buena pregunta. Ese es uno de los factores con el que más me encuentro en la consulta cotidiana con los padres actualmente. Hay altos niveles de transgresión en el propio adulto, lo que pasa es que no está muy dispuesto a renunciar a ciertas cosas que quiere seguir haciendo y eso resulta muy difícil después en la relación con los hijos.

El ejemplo más clásico y típico de esta época es el consumo de sustancias tóxicas y de alcohol, este es uno de los problemas más grandes que tienen los padres porque los chicos acceden a ese consumo a edades muy tempranas y, en muchos casos, son generaciones de padres que también son usuarios de esas sustancias y se les hace muy difícil ya que ellos mismos no pudieron resolver esa cuestión (…). En esos casos, lo que hay que hacer es empezar a trabajar con los padres en su propia problemática.
Entonces, ¿una muestra de amor es necesariamente poner límites a los hijos?

En las conferencias voy a hablar mucho sobre la manera extraña en la que en esta época se interpreta lo que es ponerle un límite a un hijo. Esto se interpreta como que hay que castigarlo o hay que quitarle objetos.

En realidad, lo que voy a tratar de mostrar es que la relación de amor con los hijos es lo que fundamenta que un hijo sea o no transgresor. Voy a mostrar una idea nueva sobre lo que es poner un límite, que tiene más que ver con un proceso de aprendizaje de los hijos en términos de un valor (…). Es decir, el límite tiene que ver con la transmisión de un valor que se transforma en una voz interna para los hijos y que los acompaña durante toda su vida, que funciona como una especie de conciencia moral.

Una muestra de amor es poner límites a los hijos. El amor en sí mismo funciona como un límite; si lo tienen, los hijos no están dispuestos a perder el amor de los padres. Así que aunque suene un poco poético en una época de tanto materialismo, la relación de amor entre padres e hijos funciona como límite. Yo explicaré en forma más detallada a lo que me estoy refiriendo para llegar a buenas respuestas. Así que los invitamos a que participen.
Fuente: Pagina Siete.

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