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En el bloqueo: nietas y abuelos, sonrisas y gasificaciones

En el centro hubo bloqueo de vías, agresiones e incluso se quemaron banderas.

Un ciudadano en una de las calles de La Paz. Foto:Alexis Demarco / Página Siete
Samuel Misteli / La Paz

“No quiero que mis hijos vivan en una dictadura”, dice Sofía Lozada. La estudiante de 18 años está envuelta en una bandera boliviana. Tiene los ojos rojos, porque acaba de ser gasificada por un grupo de agentes de la UTOP en motocicleta, que intentó desbloquear la plaza Isabel la Católica.

Sofía estaba sentada en la calle, bloqueando en la avenida Arce, junto a unos treinta manifestantes, cuando llegaron las motocicletas y se abrieron paso violentamente.

Unos minutos antes, a las 8:45, todo había estado tranquilo. Los policías presentes se habían alejado del grupo. “Esta Policía es parte del pueblo”, gritó uno de los manifestantes. El resto se unió: “Estamos con ustedes”, declamaron y aplaudieron.

Dos perros entraron a jugar en el espacio entre los manifestantes y la Policía, y también estos últimos sonrieron. Poco después llegaron las motocicletas, y ya solo había gritos, empujones y olor a gas pimienta. Primero echaron en el piso, luego le dieron en la cara, dice Sofía. “Voy a seguir dando la cara para la gente indiferente”, afirma.

“No hay paso”, dice Maria José, niña de cuatro años, en la esquina Saavedra y avenida del Ejército en Miraflores. Lo afirma haciendo sonar el timbre de su monopatín. Desde las nueve de la mañana resguarda la esquina, junto a Gonzalo Ramírez, su abuelo de 74 años.

Éste está decidido a quedarse todo el día. “Este paro es para que se cumpla lo que ya se ha ganado”, dice. Acto seguido se dirige hacia su nieta: “Te voy a limpiar la nariz, está saliendo mocos”.

Aquí, ni Policía ni masistas a la vista. Unas cuadras más arriba sí. A las 10:20, los masistas congregados frente al estadio se ponen en marcha hacia el centro. “Avancen”, se escucha entre los estallidos de los cohetes. Deben pasar un bloqueo que se ha formado debajo de una pasarela.

“Bolivia dijo No”, gritan cada vez más vehementemente los manifestantes, mientras están por chocar con la columna masista. La Policía abre el camino a aquella, y resulta en un desfile de ambos bandos que se gritan insultos a todo pulmón.

Hay algunas agresiones, y después huele otra vez a gas. Se mezcla con el humo del puesto de Choripán al lado, donde la casera sigue vendiendo tranquilamente.

Puede observarse cómo los manifestantes queman banderas del MAS, que les quitaron a los partidarios del Gobierno. Mientras, las banderas se carbonizan, lamentan que la Policía sirva de guardia a los manifestantes oficialistas.

Después de mediodía, en el Prado la situación es tranquila. Por el obelisco un pequeño grupo de manifestantes del “No” y masistas intercambian insultos. “¿Cuál es el problema?”, es la respuesta de los partidarios del Gobierno al “Bolivia dijo No”.

Más arriba se distinguen los paraguas y las banderas plurinacionales de la concentración oficialista.

El tráfico es más fluido ahora, pero no pasa por donde se encuentra la carpa de los sobrevivientes de la dictadura, cerca de la plaza del Estudiante.

Allí permanecen sentados, con caras petrificadas y bastones, los ancianos de la asociación. “Vamos a morir aquí”, dice Aurelio Condo, de 73 años. Acusa a la Policía de haberlos gasificado, de haberlos alzado en sus sillas y de haber tumbado a su presidente, Julio Llanos.

Cuadras abajo, por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, el zumbido de las motos de la UTOP se acerca nuevamente. Tratan de disolver un bloqueo. Las motos presionan hacia adelante, chocan con cuerpos, rocían gas. Y allí está nuevamente Sofia Lozada, la estudiante de 18 años que en la mañana había dicho que no quería que sus hijos vivan en una dictadura. Grita: “¡porque somos bolivianos!”. Está tosiendo, tiene los ojos rojos. Sigue dando la cara.
Fuente: Pagina Siete

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