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La atroz historia detrás de Bloody Mery

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Según el escritor y guionista norteamericano George R. Martin “los reyes malditos lo tienen todo.

Asesinatos, batallas, traiciones, mentiras, lujuria, espadas siempre listas, ejecuciones, torturas, venenos mortales, trampas, conspiraciones, codicia… Porque el dinero manda y engrasa las ruedas del poder, la guerra y la política”.

Y en ese torbellino surge, nítida y atroz, María Tudor, María I de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, nacida en Greenwich el 18 de febrero de 1516 y muerta en Londres el 17 de noviembre de 1558. Apenas 42 años en este mundo, y apenas cinco años en el trono. Pero suficientes para entrar en la historia con un apelativo estremecedor: Bloody Mary (María la sangrienta).

Fue la única hija de Enrique y Catalina que sobrevivió. Su madre sufrió varios abortos, una hija nació muerta, y tres varones apenas vivieron unas horas. Una saga trágica que enloqueció de furia a Enrique, desesperado por la ausencia de un varón, de su heredero al trono.

María parecía seguir el mismo camino. Débil, enfermiza, de ojos enfermos y perpetuos dolores de cabeza, no prometía una larga vida. Sin embargo, salió adelante, bendecida además por una inteligencia precoz y educada en idiomas, ciencias, música, y hasta virtuosa en el dominio del clavecín, pequeño instrumento de teclas y cuerdas.

Enrique la adoró, acaso como compensación a ese varón y heredero que jamás llegó. Tanto, que cuando María cumplió nueve años, le donó el castillo de Ludlow con toda su corte, y llegó a nombrarla Princesa de Gales.

Pero también la usó para negociaciones políticas y económicas. A sus dos años, su padre la prometió al hijo del rey Francisco I de Francia: moneda de cambio… Pero el trato fue cancelado tres años después. Lo mismo sucedió a través del Tratado de Windsor: María debía casarse con su primo, Carlos V, de 22 años: otro trueque político que fracasó, siempre con María manipulada por su padre.
Después de que su padre se casara con otra mujer y renuncie a la Iglesia católica, todo se vino abajo.

Su madre dejó ser reina y ella solo llegó a ser Lady Mary.

Defenestrada y humillada, María fue, en adelante, una despiadada máquina de odio y de venganza, fue cuando todos le empezaron a llamar Bloody Mary.

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