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Ante colapso de Zoonosis de El Alto, activistas rescatan a perros

La unidad atiende por día alrededor de 10 casos. Según los trabajadores, sólo hacen seguimiento y observación de los canes que mordieron a las personas.

Ante colapso de Zoonosis de El Alto, activistas rescatan a perrosSegún activistas, no se cuenta con un número exacto de los perros callejeros. Archivo
Ante colapso de Zoonosis de El Alto, activistas rescatan a perros

Wara Arteaga Very  /  El Alto / PAGINA SIETE

Por día, la Unidad de Zoonosis de la ciudad de El Alto  atiende alrededor de 10 casos. De rato en rato,  varias personas se acercan  para   denunciar que fueron atacados por un perro.

La oficina, que se encarga de la vigilancia y el control de  canes agresores  mediante seguimiento y observación,    recibe a las personas en  una  habitación de más o menos cinco por cuatro metros. Por esa razón, muchas personas esperan  en la puerta  para recibir atención.

“Hacemos de abogados, traductores, enfermeros y veterinarios, nos toca hacer de todo”, dice uno de los siete trabajadores de la unidad,  mientras observa el ingreso  de un par de ancianos y un joven.

Ante la saturación de casos en Zoonosis y   falta de una  dirección dedicada a proteger a los  animales en el municipio de El Alto, activistas, en su mayoría jóvenes,   recorren las calles   para ayudar y rescatar  a los perros callejeros.

Se trata de   Qanasa Animal,  un grupo de activistas que lucha contra el abandono y el olvido de los perros callejeros.  Este escuadrón de jóvenes asegura que eliminar a los perros abandonados no garantiza menos casos de rabia, menos  evitar la sobrepoblación de canes.

“Las perreras son un lugar donde se mata gratis a los perros, les facilitan el trabajo a dueños que ya no quieren a sus mascotas e incentivan a comprar otras”, asegura uno de los activistas.

Según el director de  la Unidad de Zoonosis, Rolando Yujra, El Alto no cuenta con una perrera municipal porque “representaría un atentado contra los animales”.  “Además está en contra de la normativa. La ley 700 no permite la aprehensión de los animales”, indica.

Según el concejal alteño, Juanito Angulo, esta unidad de la Alcaldía, “es más administrativa, pero debería ser más operativa”. La autoridad  critica además  que no hay una normativa municipal para proteger a los animales.

Las personas visitan la Unidad de Zoonosis cuando han sido víctimas de la mordedura de un perro, después de recibir la atención de emergencia en un consultorio médico de la ciudad. Desde ese momento, dicha  dependencia controla al animal agresor por un lapso de 14 días. Hasta la fecha, en la urbe alteña,  se registró más de 10 casos de rabia canina.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de mascotas  debe ser equivalente al 10% de los  habitantes de una ciudad.

En la última campaña de vacunación de  la ciudad de El Alto  se registraron entre 20.000  y 25.000 canes.

Según las autoridades, la cifra pertenece a las  mascotas que gozan del cuidado de sus dueños. De acuerdo a los activistas, hasta la fecha, no se cuenta con un número exacto de los  perros que deambulan por las calles.

Por esa razón,  una de las primeras preguntas que formula Zoonosis antes de iniciar el seguimiento y la observación de un perro agresor es la siguiente:  “¿Usted sabe si el  perro que lo  mordió es  conocido o desconocido?”.

Sin embargo, para la activista de Qanasa Animal, Justina Poma, un 90% de la población canina en la urbe tiene dueño. “Las personas  dejan a sus perros en la calle para que cuiden sus  casas. Otros animales escapan para buscar comida o hacer   sus necesidades. Por ejemplo,  en el Distrito 8,   durante el día, hay muchos perros en la calle, pero de noche, todos desaparecen”, explica.

La joven comenzó a trabajar como voluntaria desde el año 2006.  Por su experiencia asegura que  los perros callejeros no son agresivos. “Para sobrevivir, ellos  necesitan crear empatía con la gente, además se puede trabajar con ellos”, comenta.

Según los activistas, los canes abandonados   que duermen en las calles y  consiguen comida valiéndose de la piedad de las personas o robando son denominados “perros comunitarios”.

Para la activista,  Justina Poma, se puede trabajar con estos canes con la adopción o reinserción.

La joven recuerda que una vez encontró  a una perrita chapi  muy descuidada. En esa ocasión, los voluntarios  identificaron a los dueños para sensibilizarlos sobre el cuidado del animal, pero ellos se deslindaron de cualquier responsabilidad.

Los activistas se encargaron de pagar el corte de pelaje y la esterilización  de la mascota.

“Cuando, la perrita  volvió a su calle,  los mismos dueños la acogieron, ahora ya no sale de su casa”, asegura.

La  voluntaria explica además  que muchas veces los casos de abandono se dan porque los dueños descuidan la apariencia de su mascota. “Los echan porque  botan mucho pelo o  están sucios”, cuenta.

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