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Mea culpa en Hollywood

El paraíso de los depredadores.  La industria busca cómo cambiar su actitud hacia el abuso sexual

 

 Agencias/Time/Hollywood Reporter/Nytimes/Jmv.

Hollywood está replanteándose la actitud que tiene hacia la mujer. No es fácil, porque se trata de una industria a la que le gusta verse a sí misma en un pedestal, admirada más allá de las fronteras de Estados Unidos. Ahora, sus estrellas máximas están desastradas, escondiéndose como parias, con la vergüenza como único brillo.

En la lista están Woody Allen,  Steven Segal, Roy Price, Bill Cosby, y desde hace mucho, Roman Polanski, John Travolta y otros casos más. Incluso el presidente Donald Trump, que estuvo en el mundo del espectáculo, también ha sido señalado como un acosador.

Pero el caso que causó el mea culpa que se apoderó de la industria es el del productor Harvey Weinstein (Pandillas de Nueva York, Shakespeare enamorado, El Señor de los Anillos, El discurso del Rey y muchas más). Después vino el escándalo de Kevin Spacey, pero el de Weinstein fue la gota que causó el tsunami.

 

¿No te bastaba, Harvey?
Una de las primeras en reflexionar sobre el tema fue la escritora Candace Bushnell, autora del best seller Sex and the city. En su influyente columna, publicada en el New York Times, empezó contando que Harvey Weinstein se casó dos veces, siempre con una mujer hermosa.  Que era capaz de tener un par de amantes hermosas y agradecidas a las que no les importaba soportar sus gustitos sexuales y el hecho de que estaba casado. “Harvey Weinstein tenía algunas prostitutas rusas acompañándolo. Eso sucede con frecuencia en Hollywood”, cuenta.
Sin embargo, lo que preguntan muchas mujeres, lo que se preguntó la escritora fue: “¿No era suficiente una esposa hermosa, tres amantes y tal vez seis prostitutas rusas? No. No para Harvey”.

En los años noventa, Harvey recordaba a Augustus Gloop, el niño gordo de Charlie y la fábrica de chocolate. Era una bola rodante de malos hábitos descomunales. Fumaba cigarrillo tras cigarrillo y parecía ingerir bebida tras bebida. Escupía, maldecía. Creaba la sensación de que no se lo debía enfadar.

La escritora y socialité, conocida por su carácter fiestero, cuenta que Weinstein era difícil de evitar: estaba fuera todas las noches, yendo a algún lugar en su limusina. “No era tan extraño que te dé un aventón con otras personas apretujadas en el auto”, cuenta la columnista. “En esa época no me prestó mucha atención pero tampoco atrapó la mía”, dice.

El rostro de Harvey, a diferencia de las simétricas bellezas de Hollywood con las que más tarde se rodearía, no era fácil para los ojos. “Un ojo de tiburón negro más pequeño estaba notablemente más abajo que el otro, más grande. Su faz estaba tan picada de viruelas que parecía haber sido masticada por una bestia salvaje. Sin embargo, la falta de pulcritud -dice- nunca impide que los hombres ricos y poderosos obtengan sexo consentido, que es lo que sucedió cuando conoció a una de las amigas de la escritora.

Todo tiempo pasado fue peor. El productor con Heidi Klum y Uma Thurman en los Golden Globe. A la izquierda, las primeras mujeres que contaron sus abusos: entre ellas, Gwyneth Paltrow y Angelina Jolie 

Encanto y poder
“Mi amiga estaba encantada cuando Harvey llegó golpeando a su puerta a las dos de la mañana. Pensó que eso significaba que el famoso Harvey estaba loco por ella. Todo empezó cuando, durante una cena, él le había prestado atención solo a ella y le había dicho lo inteligente que era. Ella era hermosa y consideraba muy importante que la gente pensara que también era inteligente. Cayó bajo el dominio de Harvey. Se permitió pensar que mientras él era ‘feo’, podía encontrar a Harvey extrañamente sexy.

Candace Bushnell cuenta que escribió sobre sus peleas en dos de sus novelas (Four Blondes y Trading Up). Lo único que la atrajo hacia él –recuerda- fue que honestamente creía que él quería que ella tuviera éxito. Iba a ayudarla. Él le compró su primera computadora Apple (la amiga estaba en bancarrota, por supuesto) y se emocionó cuando le dio 30.000 dólares para escribir un guión.

Ayuda de los amigos
Harvey Weinstein es como un mafioso del cine pasado de moda. Además de ser un abusador en todas las ocasiones, el otro trabajo de Harvey era ser un productor real. Esto incluía una serie de tareas, como ser el jefe de facto de la tripulación. De los hombres que mueven cosas. De los grandes hombres duros. De la hermandad.
La hermandad conoce otras hermandades, todos conocen a todos los demás, todos son ‘amigos’ y todos están jugando el mismo juego.
Harvey era el guía de la manada.

Predeciblemente, intentó  manejar un enjambre de redes y reporteros, paparazzis y máquinas publicitarias que él ayudó a crear. Mientras tanto, más y más mujeres contaban sus historias (son tantas y tan perturbadoras) que el guía de la manada perdió  lo que más quería: reconocimiento. Ser el más grande, el más exitoso a cualquier costo. Ser etiquetado como ‘genio’, como un hombre de su tiempo y todo ese alboroto patriarcal.

Quizá en el pasado, este guía de la manada probablemente habría sido perdonado, pero se viven tiempos diferentes. “Estamos tumbando a martillazos las estatuas de la hipocresía”, dice la escritora.

3. House of Cards. Spacey pidió que se escriba una escena para poder besar al actor Nathan Darrow, del que se enamoró.

8. El primero. El actor Anthony Rapp (der.) fue el primero que habló de Kevin Spacey. Hasta ahora, 15 hombres lo califican como un depredador. 

Vergüenza compartida
El productor Dana Brunetti tiene varias películas importantes: Capitán Phillips, La Red Social, 50 sombras de Grey. No le gusta presentarse ante la gente como productor de películas. Conoce la imagen que puede formarse instantáneamente en sus cabezas.

“Odio decirle a la gente que soy productor por el prejuicio que hay -explica- debido al repulsivo argumento de que uno encara a las chicas con la frase ‘puedo conseguirte un papel en una película’”.

Brunetti ya sentía esa vergüenza por su profesión antes de que estallara el escándalo de Harvey Weinstein. Ahora, con acusaciones de que el hostigamiento sexual ha venido sucediendo hace décadas, Hollywood finalmente está evaluando el nivel de verdad que hay detrás de ese prejuicio.

Lejos de ser una anomalía anticuada, según muchos que conocen esta industria, Weinstein es solo un ejemplo de un problema más extenso y aún actual que la industria ha ignorado (o barrido deliberadamente bajo la alfombra) durante demasiado tiempo.

“Hay muchos abusos en esta industria”, dice el productor y director Judd Apatow. “Las jóvenes actrices son maltratadas de muchas formas por hombres poderosos que pueden proveerles trabajo y acceso a partes del mundo del espectáculo que son emocionantes para ellas. Muchas
personas son maltratadas y no se dan cuenta de lo mal que se portan con ellas”.

“Todos sabían sobre lo de Weinstein, del mismo modo que conocen otras personas de alto perfil con poder en la industria que se salen con la suya exactamente igual que él”, dice el guionista y productor Kelly Marcel (El sueño de Walt). “Esto es un asunto de gran alcance, es endémico. Tenemos que creer que el derrocamiento de este magnate del cine conducirá a la caída de otros. Aquí enfrentamos un problema más grande que derribar a una sola persona”.

Desde los primeros días en que empezó a funcionar el sistema de estudios de producción en Hollywood, las historias de actrices que avanzan en su carrera gracias al llamado ‘sofá de casting’ han circulado por toda la industria, que veía con mucho más desprecio a las mujeres, que eran calificadas como aprovechadoras o mercantes de su sexualidad. Por el contrario, veía con cierta condescendencia a los hombres con poder que estaban explotándolas.

Pero en el Hollywood moderno, que aún está dominado por hombres, existía la percepción de que las actitudes hacia las mujeres se habían vuelto más solapadas, más ‘delicadas’. Cuando estalló el escándalo, muchos se referían a Weinstein como un “retroceso” o un “dinosaurio”. De hecho, en su declaración de mea culpa, Weinstein, de 65 años, intentó explicar su comportamiento como un producto de la época en la que él había crecido, diciendo: “Esa era la cultura entonces”.

Ahora, cuando las acusaciones se acumulan, muchos en Hollywood dicen que esa cultura, lamentablemente, no ha cambiado, o al menos no lo suficiente, y que las mujeres de la industria del show business son a menudo atacadas de maneras más sutiles pero igualmente atroces.
“Dejemos de permitir que nuestras mujeres jóvenes sean carne de cañón sexual”, escribió la actriz Kate Beckinsale en Instagram hace unos días. Ella compartió su propia historia al haber sido golpeada por Weinstein cuando tenía 17 años. “Y recordemos que Harvey es un emblema de un sistema que está enfermo, y que tenemos trabajo por hacer”.

El escándalo de Weinstein y el de Bill Cosby  llevó a un número creciente de mujeres a presentarse y decir que fueron maltratadas, por él y por otros como el director James Toback, que ya ha sido denunciado por 300 mujeres, entre ellas, Rachel McAdams.
En muchos casos, estas mujeres dicen que se sintieron demasiado avergonzadas o temerosas de contar sus historias. Anticiparon posibles repercusiones para sus carreras o sintieron que sus quejas no serían escuchadas.

Los mismos temores pueden extenderse a las personas que rodean a los hombres poderosos.”La gente no quiere poner sus medios de vida en riesgo”, dice Apatow. “Es por eso que gente como Harvey Weinstein y Bill Cosby operan así durante muchas décadas. Las personas a su alrededor, ejecutivos, asistentes, conductores, no quieren arriesgarlo todo”.

“No pasa nada”
En una entrevista exclusiva con The Times después del escándalo de Weinstein, la actriz Blake Lively relató que era acosada regularmente por un maquillador con quien estaba trabajando. “Estaba diciendo cosas inapropiadas. Insistía en poner el lápiz labial con su dedo”, dijo. “Una noche yo estaba durmiendo en el sitio de filmación y cuando desperté, vi que él me estaba filmando. Estaba vestido, pero era algo muy voyeurista y aterrador”.

Lively informó del problema a los productores del proyecto, pero ella dijo que no se hizo nada. “Finalmente -cuenta-, después de tres meses de quejas, me llamaron a mi casa rodante y me dijeron: ‘Tenemos que hablar contigo’. Pensé: ‘Bueno, finalmente, van a hacer algo con este hombre al que tuve tocándome todo el día’. Y dijeron: ‘Tu perro hizo porquerías detrás del retrete en tu camerino y nuestro conserje tuvo que recogerlo. Esto es muy serio y no podemos permitir que suceda nuevamente'”.

Finalmente, Lively consultó el problema de acoso con su abogado. Se realizó una investigación y el maquillador fue retirado del proyecto. Aún así, Lively contó: “Nuestro gerente de producción le escribió una carta de recomendación porque nadie quería que hubiera mala sangre”.

A pesar de lo doloroso que ha sido el escándalo de los depredadores sexuales para esta industria, algunos creen que en última instancia podría conducir a un cambio de actitud muy esperado. “Admiro y aplaudo a las mujeres que se han presentado para detallar las acciones depredadoras, no solo para sí mismas sino para el beneficio de todos”, dijo la directora Kathryn Bigelow. “Su valentía y candor iluminan un modelo reprochable de comportamiento que erosiona nuestra moral colectiva. Lo que se requiere es un cambio tectónico en el comportamiento de Hollywood hacia las mujeres”.

Salario y contratos
Un cambio en la actitud y en la demografía. En una industria en la que la contratación y el salario de las mujeres todavía está por detrás de los hombres en prácticamente todos los niveles, las palabras no serán suficientes, dice Jordan Horowitz, productor del exitoso musical La La Land del año pasado.

“Trabajo con mi esposa (la productora Julia Hart) y somos muy conscientes de a quién contratamos y con quién trabajamos. Nos aseguramos de que todos los géneros y razas estén representados, especialmente en la producción”, dice Horowitz. “Cuando también se tiene a mujeres en roles de autoridad, se crea un ambiente más cómodo y seguro para las mujeres y para muchos grupos de personas con poca representación”.
A medida que las mujeres asumen posiciones de autoridad, dice Kay Cannon, que fue productora ejecutiva de la serie de Netflix Girlboss y dirigió la comedia Blockers, necesitan usar su poder para tratar de evitar incluso la posibilidad de acoso.

“Necesitamos comenzar a ser realmente específicos para escoger con quién trabajamos. Si sabes de algo que ha sucedido, traza una línea en la arena: ‘No importa cuánto dinero me dé, me niego a trabajar para alguien que es acosador’”, recomienda.
Muchos en la industria se apresuran a señalar que el tema del acoso sexual no es exclusivo del negocio cinematográfico. “A todos les encanta escuchar historias como esta en Hollywood”, dice Brunetti. “Pero esto no está limitado a Hollywood. Es el pequeño secreto sucio de todas las industrias. Hay acoso sexual en todos los aspectos del país y del mundo en todos los negocios”.

Pero ahora, el tema del acoso sexual está en la mente de todos en Hollywood. Mientras todos se preguntaban quién sería el próximo poderoso que enfrentaría acusaciones similares, llegó la noticia de que Charlie Sheen abusó al actor Corey Haim cuando este tenía 13 años y Sheen 19.

Lo contó el actor Dominick Brascia. Haim murió en 2010 de una neumonía.

Hace dos semanas, la productora ejecutiva Isa Hackett, hizo públicas sus acusaciones de que había sido hostigada por el jefe de programación de Amazon Studios, Roy Price. Amazon dijo en un comunicado que había “examinado de cerca” y había abordado internamente el asunto. A las pocas horas de la declaración de Hackett, Amazon otorgó a Price un permiso de ausencia. Ese mismo día, la actriz Rose McGowan acusó vía Twitter a Amazon de cancelar un guión que tenía en desarrollo con ellos después de que le dijo al jefe de su estudio que Weinstein la violó.

La histórica portada de New York, con 35 mujeres que acusaron a Bill Cosby. Dejaron una silla vacía para futuras denunciantes. 

Cambio de tono

Parece que ya no se quieren barrer estos casos bajo la alfombra. Hay una corriente de solidaridad que empieza a impulsar a los actores de esta industria.

Un ejemplo: el guionista Michel H. Weber cuenta que estuvo cenando con un colega y la conversación no transcurrió en el tono “¿Puedes creer lo de Harvey?” sino en clave “Oye, ¿qué hacemos con tal y tal? ¿A quién podemos advertir sobre este otro tipo?”.

Según el guionista, las conversaciones han tenido un sentido proactivo, de que esta situación necesita cambiar de inmediato. “Simplemente encogerse de hombros o mirar hacia otro lado o alejarse del tema no es suficiente”, dice Weber.
Weinstein y Spacey pasarán 45 días en la clínica The Meadows para superar su problema. Al salir, verán que la vida que disfrutaban ha terminado.

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