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¿Estamos más cerca del traductor universal?

Los Pixel Buds de Google

Ayer, Google anunció el pasado miércoles un móvil, otro móvil más grande, un ordenador, un altavoz y unos auriculares. Aunque parece que los demás dispositivos tienen funciones y diseños más atractivos y, en general, parecen más importantes, los Pixel Buds son una idea fantástica que ojalá funcione.

Estamos ante un par de auriculares pequeñitos y bluetooth (por aquello de que el Pixel no tiene entrada tradicional de auriculares) que puedan traducir casi instantáneamente en 40 idiomas distintos. Su funcionamiento es sencillo sobre el papel: los enciendes, los sincronizas por bluetooth con el móvil, descargas los idiomas que te interese traducir y, entonces, traduce.

La traducción es tal cual la pintan de toda la vida en ciertos libros y películas de ciencia ficción. Un interlocutor habla y el cacharro traduce lo que dice al oído de la otra persona. Y no acaba ahí la cosa: con una versión nueva de Google Translator, se puede traducir la respuesta. El interlocutor responde, el móvil lo escucha y dice a viva voz (por el altavoz) lo que se quiere decir en el idioma en el que previamente se le ha hablado al usuario.

Es importante añadir que los auriculares y Google Translator se beneficarán de las nuevas tecnologías de machine learning. En otras palabras, que la app funcionará mejor cuanto más se use porque irá acostumbrándose a lo que hacen los usuarios con ella y a sus dejes. Así que podemos decir que es un sistema de traducción bastnate avanzado. ¿Pero es suficiente?

En el pasado, otras muchas compañías han intentado convertir esta tecnología de ci-fi en algo más mundano y que pueda utilizar mucha gente para comunicarse. Ahí están los Pilot, otros auriculares traductores que fueron desarrollados por Waverly Labs. Pero esto es una compañía menos conocida que Google, por lo que no es de extrañar que su proyecto nunca despegara.

Claro que hay también otras grandes empresas que lo han intentado y fracasado. Fujitsu es una de ellas, pero no eran unos cascos: era una especie de tarjeta con altavoz que se podía colgar de la solapa de una bata y usarla, por ejemplo, para que un médico o un enfermero se comunicara con una persona de otro idioma. Era aparatoso y feo y poco práctico y nunca fue a más.

Justo esto mismo se puede decir de Travis, un cacharrito que se utilizaba a modo de micrófono y que traducía más de 80 idiomas. Pero sigue sin tener la pegada suficiente para llegar al gran público.

De ahí que Google, por ser Google, pueda conseguir lo que otras compañías apenas han logrado. Ya no es sólo una cuestión del uso de los auriculares, sino de la app del traductor que ha mejorado lo suficiente como para crear unos cascos específicamente para ellos. Que todo el proyecto esté supeditado a la división de inteligencia artificial también da muestras de lo en serio que va esta apuesta.

¿Ha llegado el momento de dejar de aprender idiomas? No, porque los móviles se quedan sin batería, entre otras cosas, pero facilitar la comunicación en visitas breves a otros países quizá sí sea algo lo suficientemente interesante como para hacerse con estos auriculares o para prestarle más atención al Translator de Google, que por lo general es un chiste en Internet en lo que a la voz se refiere.

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