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¿Cómo sobrevivir a un duelo?

  • Aceptar la pérdida de un ser querido no es fácil ¿Cuáles son las claves para superar el duelo? La psicóloga Cristina Rubín de Celis conversa con Más Salud sobre este tema. | Archivo
Adriana Trigo / Los Tiempos

 

El duelo proviene del latín “dolus” (doloso) y desde la misma raíz del español “dolo” significa dolor, que desde el proceso psicológico se produce a partir de alguna pérdida. Es un proceso de reacción frente a la pérdida de algo o alguien significativo que se encuentra presente en cualquier etapa de la vida, las que pueden ser desde una persona, un animal, una cosa, una relación, un trabajo, etc. Es una experiencia emocional humana y universal, única y dolorosa; el hecho de enfrentarse a esta pérdida se le llama elaboración de duelo y conduce a la necesidad de la asimilación y adaptación a una nueva situación y a la realidad. Es parte de nuestro desarrollo, desde pequeños atravesamos este temor de perder a un ser querido u objeto apreciado o de vernos desamparados, este temor nos invade de angustia, desesperación y ansiedad y a veces no tiene ni fundamento.  Por ejemplo, alrededor de los cinco años de edad, todos nos cuestionamos sobre la muerte, y el temor a la muerte de algún ser querido cercano nos invade de angustia sin que exista algún acontecimiento que indique esa pérdida.

¿Cuándo se manifiesta?

El duelo a veces se manifiesta antes de que ocurra la pérdida, por ejemplo, ante el diagnóstico de una enfermedad terminal de un ser querido o en otro tipo de situaciones como el temor a perder algún objeto material (falta de pagos de casas, automóviles, etc.) o la amistad y el cariño de ciertas personas (generalmente ausencias largas por viajes o cambios de residencia), o cuando una relación de pareja es demasiado tormentosa y ya existieron antecedentes de ruptura, generalmente, ya se va elaborando el duelo, (nuestro consuelo es decir: “Ya se veía venir” o “tenía que terminar”).

¿Se deberían normalizar los conceptos de pérdida y muerte desde la infancia?

Sí, es necesario que todos los padres expliquen a los hijos desde los cuatro años aproximadamente qué significa perder y morir, ya que por juegos o programas televisivos los niños repiten palabras como “estás muerto” o “te voy a matar” como algo normal. Sin embargo, fuera de la agresividad que significa repetir actos o palabras nocivas, debe existir la relación de la palabra y el concepto para poder guiar a los hijos en significados. La muerte de algún ser cercano debe ser asumida con silencio, respeto y amor y no con alegría (como se hace en los juegos de guerras y victorias).

Cuando los niños preguntan qué es la muerte, explicarle el concepto de muerte como la privación o carencia de la vida, hablarle de lo valiosa que es la vida de todos los seres vivos. Mostrar la diferencia entre una planta viva y una muerta, un insecto vivo y otro muerto, y quizás alguna película como “Bambi” o “Dumbo” para explicar que, aunque la muerte llega a algún ser cercano y querido, la vida tiene que continuar para lo que quedan vivos.

¿Cuáles son las etapas del duelo?

Como mencionamos anteriormente, el duelo es un proceso, que tiene diferentes etapas. Casi en todos los casos, el duelo va acompañado de ira, que hace que sea difícil la aceptación, haciendo así que exista el rechazo a la pérdida.

Las etapas son las siguientes:

• Negación y aislamiento (etapa de la incredulidad)

• Ira (etapa de la agresión)

• Pacto (etapa de la furia)

• Depresión (etapa de la culpa y desolación)

• Aceptación (etapa de la fecundidad y aceptación)

¿Cuándo un duelo deja de ser una situación normal y empieza a ser algo patológico?

• El duelo se convierte en una situación patológica cuando pasa de duelo a melancolía. En la melancolía existen diferentes síntomas, como la idealización excesiva de la persona u objeto perdido, por ejemplo: “Como él… nadie”, “él era tan lindo, bueno”, etc.

• La culpabilización repetitiva, por ejemplo: “Si yo no hubiera dicho o hecho lo que hice, él seguiría conmigo”; “si hubiera pasado más tiempo con él”; “si hubiera valorado más su presencia”, etc.

• La soledad o aislamiento, por ejemplo, cuando pasa mucho tiempo sin pareja, por los síntomas anteriores guardan “luto emocional”.

• Existe insomnio.

• A veces abuso del alcohol, cigarros y drogas.

• Escándalos producidos por estos abusos (gritos, llantos, reclamos).

• Llantos súbitos.

• Conductas compulsivas (tatuajes, compras, acumulaciones).

¿Cuáles son las claves para superar un duelo?

Hay que mencionar que el proceso de duelo incluye cambios muy significativos en las actitudes, comportamientos, pensamientos y vida espiritual del doliente. Así, el duelo puede entenderse como:
•  Las pérdidas que son parte natural de la vida.

•  Procesos en el tiempo.

•  Crecimiento y transformación.

Las claves fundamentales para superar el duelo son las siguientes:

• Tiempo. Algunas personas necesitan más tiempo que otras para asumir la idea de la ausencia.

• Expresar los sentimientos, poder comentarlos con alguien, hablarlo. Necesitamos compartir nuestra experiencia. Es también una forma de descargar los sentimientos por la persona u objeto perdido.

• Red de apoyo socioemocional. Familia o amigos que nos ayuden a pasar estas etapas, que estén a nuestro lado en momentos de tristeza o simplemente que nos escuchen, ayuden a sobrellevar los momentos de dolor ante la ausencia del ser querido.

• Recordar a la persona. Como alguien especial, pero que nuestras vidas continuarán sin ellas.

• Acudir a las celebraciones y manifestaciones relacionadas con la muerte. Es otra forma de reconocer socialmente la muerte del ser querido. Los ritos ayudan a superar el duelo social.
En el caso de las pérdidas, en cuanto a relaciones de pareja, lo aconsejable es ocupar el tiempo ese día en actividades extraordinarias a las que se realizaba con la pareja y que sean de crecimiento espiritual o cultural, para mantener la atención concentrada en otras situaciones.

• Cambiar los horarios, rutinas, hábitos y costumbres (éstos son buenos aliados). Nos devuelven a la realidad del día a día. No se debe forzar, la persona volverá a ellos o establecerá unos nuevos cuando esté preparada.
La resiliencia está muy relacionada con la superación satisfactoria de un duelo. Esta palabra proviene de la física y se refiere a la capacidad de un material para recuperar su forma original después de haber sido sometido a altas presiones (como un muelle). Este término se ha aplicado a la psicología, haciendo referencia a la capacidad de los seres humanos para reponerse tras situaciones adversas. Quienes adoptan una actitud resiliente aprenden de la vivencia dolorosa y crecen emocionalmente a partir de ella. Extraen de la misma experiencias y aprendizajes positivos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que se cometen cuando se intenta consolar o acompañar a personas que están atravesando un duelo?

• Evitar que llore, decirle no llores, cálmate. Todo esfuerzo por bloquear el dolor puede llegar a complicar el proceso de recuperación emocional.

• Expresiones como ¨todo está bien¨ o ¨el mundo no se ha acabado¨ suelen tener un efecto contraproducente y en vez de emitir un mensaje empático, hacen que el otro se sienta solo e incomprendido. A veces el silencio es la mejor forma de decir ¨estoy contigo¨ o frases como “te entiendo” suenan más empáticas y ayudan a descargar más emociones y sirven de consuelo.

•  Juzgar, reprochar, culpar y tener prisa en dar consejos, interrumpir su relato y contar la propia experiencia, acaban centrando la atención en uno mismo y el problema del otro quedará relegado a un segundo plano.  Existirá enfado y la persona doliente no sentirá la contención que debe merecer.

• No tener contacto físico con la persona doliente. Si vemos que llora o grita de dolor, abrazar es la única forma de expresión de unión y solidaridad, un apretón de hombro o mano no es significativo y menos sólo mirarla.

• Llorar más que el doliente, para llamar y centrar la atención en uno mismo.

• Llevarla a beber bebidas alcohólicas en pleno duelo.

• Llamarla para preguntarle si ha sabido algo de la persona ausente, que se ha soñado con él, que lo vio, que tiene fotos, que hay rumores sobre su ausencia o llamar para saber por qué murió. Hacer preguntas incómodas  como: “¿ahora qué vas a hacer?”, “¿qué van a hacer con sus cosas?”.

 

Cristina Rubín de Celis Espinoza es psicóloga en Psicoconsulting y docente de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

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