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Divorcios de plata: El ‘boom’ de reinventarse a los 60

Divorcios de plata: El 'boom' de reinventarse a los 60

“Hasta que la muerte nos separe” entonaban durante la celebración de su matrimonio, hace algo más de 40 años, Francisco y Soledad. Hoy, a sus 67 y 63 años respectivamente, han dejado de lado la promesa de amarse y respetarse hasta el último día de sus vidas y han iniciado los trámites de separación.
No es un hecho aislado. En los últimos años el número de personas mayores de 60 años que han decidido poner fin a su relación matrimonial no ha parado de aumentar. Como Francisco y Soledad, que “no aguantaban más la convivencia”, muchos ‘mayores’ han optado por vivir de manera independiente a su pareja. Rostros conocidos como Mario Vargas Llosa (81), Felipe González (75), Manuel Benítez ‘El Cordobés’ (81), en el panorama nacional, o Harrison Ford (75), Susan Sarandon (70), Melanie Griffith (60), Mel Gibson (61) o Morgan Freeman (80), en la escena internacional, forman parte de este club de ‘plata’ y son un ejemplo más de una tendencia generalizada en muchos países.
En España, las estadísticas no dejan lugar a dudas sobre este fenómeno al alza. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las rupturas matrimoniales a partir de los 60 años han pasado de 3.636 en 2005 a 9.541 en 2015. Cifras que muestran cómo los divorcios y separaciones entre quienes superan dicha edad -los 60- prácticamente se han triplicado en la última década en nuestro país. Aunque no se trata, ni mucho menos, de la franja de edad en la que más rupturas se producen, sí representan uno de los grupos en los que más se han incrementado -en un 162%- en dicho periodo.
Cambios en la sociedad
Bajo estas estadísticas confluyen algunas circunstancias a la vez. “En la década de los años 70 -que es cuando estas personas pasaron por la vicaría-, España vivía un contexto sociopolítico y cultural diferente al que existe en la actualidad. La liberación de la mujer y el cambio en los roles de género, una menor intervención de la religión, la flexibilidad en las normas morales y sociales y quela familia no se considere el único medio para la realización personal, junto con la reducción de las trabas legales, son algunos de los motivos que han influido en el incremento de las separaciones”, afirma Myriam Fdez. Nevado, socióloga, abogada y consultora internacional en Infancia y Familia.
Además, estos ‘mayores’ han perdido el temor a separarse. Casados en una época en la que la ley no contemplaba el divorcio y éste era un gran escándalo, además de un pecado, han descubierto que hoy en día es algo común. “Lanormalización del divorcio ha jugado un papel fundamental. Ha pasado de ser uno de los hechos más terribles que podía ocurrir a algo más que puede suceder en la vida e incluso se plantea como una oportunidad de ser feliz y de reinventarse”, explica Trinidad Bernal, psicóloga y directora de los programas de mediación de la Fundación Atyme. “También hay parejas que se separan tras las rupturas de los hijos. Lo toman como modelo, que les ayuda a verlo como algo normal. Ahora tienen claro que el matrimonio no tiene por qué estar vinculado al sacrificio, la resignación o la conformidad. Si no están satisfechos, al margen de su edad, cambian su estado civil”, continúa Bernal.
Esperanza de vida
Son muchas las causas que pueden influir en el incremento de los divorcios de ‘plata’, pero los especialistas coinciden en que el aumento de la esperanza de vida ha sido también determinante. “Con la ampliación del horizonte vital surgen nuevas expectativas, porque tienen todavía 20 o 30 años por delante, y no quieren invertir su tiempo con personas que no les llenan o con quien no comparten el proyecto de futuro”, cuenta Fdez. Nevado.
Además, se trata de una época en la que tienen menos complicaciones, ‘a priori’, que en otras franjas de edad: los hijos son adultos, la hipoteca está pagada y tienen cierta estabilidad económica y, en definitiva, no tienen tantas cargas. Unido a esos años que tienen por vivir, surge el sentimiento de no conformarse con relaciones que no les hagan felices.
También la capacidad vital ha actuado mucho en las separaciones. “Una persona con 60 años en la actualidad está activa totalmente. Pero no sólo a los 60, también a los 70 y a los 80. La mayoría disfruta de buena salud, practica deporte, cuida su dieta, les gusta viajar, relacionarse, etc. Y, sobre todo, tiene muchas ganas de vivir y de aprovechar el tiempo. Si la pareja no comparte esos mismos intereses, puede derivar en ruptura”, expone Bernal, que subraya la cantidad de oportunidades y actividades -viajes, excursiones, bailes, etc.- que tienen en la actualidad el colectivo de los 60 y más allá. Es el caso de Pilar (66), que puso fin a su matrimonio después de 36 años, cansada de que su marido “no se moviera del sillón de casa”; o el de José Antonio (73) que rompió su relación de 44 años porque su esposa no compartía las mismas ilusiones de futuro.
Por otro lado, fármacos como la viagra o algunos remedios que reducen los síntomas de la menopausia están contribuyendo a que se sientan seguros como personas y a alejar la vejez. “Las relaciones sexuales tienen su importancia en las pareja. Y, hoy en día, no es necesario renunciar a una vida sexual plena. Si ambos lo ven de la misma manera y se convencen de que necesitan ‘una ayudita’, si fuera necesaria, marcharán al unísono. Pero si uno no quiere, el otro puede que trate de buscar nuevos horizontes”, dice Bernal.
Jubilación y ‘nido vacío’
Numerosos expertos atribuyen las separaciones también al abandono del hogar por parte de los hijos, el conocido como síndrome del ‘nido vacío’. “Muchas parejas pasan años centrados en la crianza de los niños. Pero cuando los hijos dejan la casa familiar, la pareja nuevamente tiene que poner el foco en su propia relación, que en muchos casos ni reconocen”, declara Teresa Moratalla, terapeuta familiar y psicóloga clínica.
De la misma manera, la jubilación tiene impacto en la relación. “Cuando uno o ambos dejan de trabajar, el tiempo de convivencia de la pareja aumenta notablemente y el roce es mayor. Es en ese momento cuando verán si han evolucionado de la mano o si los proyectos de vida son totalmente contrarios”, expresa Fdez. Nevado. Por otro lado, “la jubilación supone un cambio muy brusco. Mientras algunas personas lo ven como un momento perfecto para empezar a vivir, otras se sienten inservibles”, añade Bernal.
De una forma u otra, aunque el divorcio responda al deseo de la pareja o de alguno de ellos, se trata de una situación difícil, señalan los expertos. “A cierta edad es más duro porque, además del peso que suponen los años de convivencia, no sólo se rompe la pareja, también afecta a la familia, la familia política, etc.”, agrega Moratalla. En este sentido, en algunos casos, “los hijos son el principal obstáculo para la separación, ya que no entienden la decisión de sus padres que en muchas ocasiones han aguantado tantos años”, indica Bernal. Pero ante todo hay que tener presente que las relaciones “no consisten en aguantar o resignarse, se trata de quererse o no, en ser feliz o desdichado”, concluye Fdez. Nevado.
Fuente: Página Siete

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