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Oliver Stone: “Putin ha dado a los rusos un futuro”

 

El oscarizado cineasta lleva a la televisión una serie de cuatro entrevistas con Vladimir Putin

Frente a las críticas en su país de adulación al político, Stone asegura que siendo duro sólo se consiguen clichés

“La cuestión no está en tener mucho poder; la cuestión está en usar el poder que tienes de la manera correcta”. Ésa es una de las frases para la Historia que Vladimir Putin deja en la serie de cuatro entrevistas que el director estadounidense Oliver Stone le ha hecho y que Movistar+ emite a partir del próximo lunes, a las 21.00 horas en Movistar Estrenos y en vídeo bajo demanda. Cuatro horas de conversación -una por episodio, que se irán ofreciendo los lunes sucesivos- de más de 20 horas de metraje grabadas en 2015 y 2016, y que han sido en general pulverizadas por la crítica estadounidense.

Stone dice que no le ha sorprendido esa actitud: “Los medios de comunicación de Estados Unidos quieren que yo continúe la política oficial del Gobierno de este país”, explica en una conversación telefónica desde su casa de Nueva York.

El cuádruple ganador del Oscar -al mejor guion por El Expreso de Medianoche, al mejor director por Platoon, y al mejor director y a la mejor película por Nacido el 4 de julio -rememora con especial ironía su entrevista en el programa Late Show, del humorista Steven Colbert, uno de los mayores -si no el mayor, y eso que la competición es dura- de los críticos de Donald Trump. Colbert llegó a preguntar a Stone si Putin le ha robado a su perro “y lo tiene en una jaula”, para justificar la amabilidad del director hacia el presidente ruso, pese a que “ni siquiera había visto las entrevistas”, declara Stone.

El director replica, además, que el diario británico The Guardian ha valorado mucho mejor su trabajo con un símil pugilístico: Putin gana los dos primeros asaltos, el tercero queda en empate, y el cuarto lo gana Stone. Y el cineasta explica su estrategia: “Para los medios estadounidenses, el énfasis está en ser duros con los entrevistados cuando estos son líderes extranjeros. Pero eso pone a la gente a la defensiva, y lo que al final consigues son clichés”, declara. Su objetivo, dice, es “comprender al hombre que está en el poder”.

Las entrevistas retratan a Putin desde su infancia en Leningrado hasta su posición internacional en las últimas décadas, incluida la relación que ha mantenido con los últimos presidentes estadounidenses. Aunque Stone se define como un pacifista que no votó ni demócrata ni republicano en las elecciones de 2016, sino por un tercer partido (presumiblemente, Los Verdes, de Jill Stein), su relación con Putin parece haber sido buena. El hecho de que las entrevistas fueran grabadas en dos tandas, en 2015 y 2016, así lo indica, según él: “Si hubiera sido hostil, no me hubiera vuelto a invitar. Pero logré mantener su interés. Eso es porque la prensa siempre le hace las mismas preguntas”.

Con Stone, Putin se muestra, en efecto, muy tranquilo. Eso lleva a algunos momentos controvertidos, como cuando declara lo siguiente: “No soy una mujer, así que no tengo días malos”, a lo que el entrevistador replica: “Eso es verdad”. Por si queda alguna duda de la misoginia del líder ruso, éste da más detalles: “Hay ciertos ciclos naturales, que los hombres también posiblemente tengan, pero menos manifiestos”.

Stone tampoco cuestiona a Putin cuando éste dice lo siguiente: “Tuve que trabajar con el KGB”, el siniestro servicio de espionaje de la antigua Unión Soviética, e incluso hace suyas palabras que podrían salir de la boca de los portavoces del Kremlin. Stone dice que Putin “resolvió la guerra de Chechenia” (fundamentalmente, a base de dejar ese territorio como un solar y en manos de un Gobierno extremadamente corrupto), y le suelta al presidente ruso: “Usted ha recibido elogios por hacer muchas cosas buenas en su primer mandato [como presidente], como desarrollar la industria petroquímica, agrícola, electrónica, y de ingeniería” en Rusia. Es una pregunta que todo presidente, sea del signo que sea y del pase que se quiera, agradecería. Y que, además, no encaja con los hechos. El presunto desarrollo industrial de Rusia con Putin no parece reflejarse en la economía rusa, que tiene unas exportaciones propias de un país del Tercer Mundo: petróleo y gas natural.

“Hay que entender el punto de vista de Putin”, replica Stone. “Él asumió el control de un país en el que los ricos eran cada día más ricos, y los pobres, más pobres. El Estado había desaparecido virtualmente. El sistema de pensiones se había colapsado. Era como Estados Unidos en los años 20″, dice, en referencia a la época de especulación masiva que acabó con el crash de Wall Street de 1929 y la Gran Depresión. Y remacha: “Su popularidad en Rusia se debe a que los rusos tienen un futuro de nuevo. La economía del país ha sobrevivido, y lo ha hecho a pesar de las sanciones internacionales”.

Stone dice que él fue a Rusia porque quería ver con sus propios ojos ese país. “Hubo periodistas estadounidenses que fueron a la Unión Soviética a informar sobre la Revolución con lo que veían con sus propios ojos, como John Reed”, dice. Precisamente, John Reed está enterrado en la muralla del Kremlin, un lugar de especial simbología en la URSS y en Rusia, y su vida dio lugar a la película de Hollywood Rojos, que le valió el Oscar al mejor director a Warren Beatty en 1983.

Su trabajo con Putin, sin embargo, no fue necesariamente fácil. Stone da mucho dinamismo a las entrevistas, pero eso se debe más a hacer de la necesidad virtud que a una estrategia artística deliberada. “Nos teníamos que adaptar a los horarios de Putin, y a veces eso suponía esperar ocho horas. Y solo teníamos tres o cuatro cámaras. No había manera de hacer nada sofisticado”, explica.

El director también se encontró con una dificultad inesperada: la cara de Putin. “Tiene los ojos muy pequeños, y eso hace más difícil que la cámara interprete sus gestos”. La interpretación de Stone, o sea, lo que ha aprendido con Putin, es que “Estados Unidos rompió sus promesas de no expandir la OTAN, de no derogar el tratado antimisiles de 1972, y apoyó a los terroristas en el Cáucaso y en Asia Central”. Eso acaso diga más de EEUU que de la Rusia de Putin.

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