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El gran momento creativo del documental latinoamericano

Diversos especialistas de la industria cinematográfica se dieron cita en el Festival Latinoamericano de Cine Documental A Cielo Abierto

El cine latinoamericano no es una casualidad. No es un fenómeno que pasa cada cierto tiempo. Es una realidad demostrada con hechos. En los últimos años la producción de la región está marcando la agenda en cada festival al que asiste, cosechando elogios y galardones por donde pasa. El director de La Mostra de Venecia, Alberto Barbera, incluso llegó a decir que “es el único que está contando cosas nuevas”. Pero no solo de ficción vive el hombre, o eso es al menos lo que afirman desde la tercera edición del Festival Latinoamericano de Cine Documental A Cielo Abierto. Directores, productoras y periodistas especializados inmersos en la industria concuerdan en que el género documental de América Latina está pasando por un “gran momento creativo” y que se encuentra en un “gran estado de forma”.

El encuentro cinematográfico, que se ha realizado del 22 al 26 de agosto en Cochabamba, Bolivia, sirvió no solo para realizar una muestra estelar del trabajo de distintos realizadores, sino también para reflexionar sobre el estado del cine documental en la región. Alba Balderrama, productora general y coordinadora del Festival A Cielo Abierto, considera que hay una especie de resurgimiento de este género, ya que en los últimos años se ha presentado como una de las opciones de más libertad, más riesgo y experimentación en el cine. “El documental está dando la chance para que los realizadores se suelten. Hacen documental, pero le echan mano a la ficción, a la poesía y a otros recursos. Es un género mucho más manejable ahora y el público también responde a esas propuestas ”, explica Balderrama.

El director argentino Maximiliano Schonfeld, autor de La siesta del tigre, coincide con la coordinadora del festival y va más allá: “El documental atraviesa un mejor momento que la ficción”. Dice que, a comparación de la ficción, este género permite narraciones híbridas en las que lo convencional y experimental pueden convivir creativamente. Refuerza su idea explicando que este tipo de producción se ve ayudado por las formas de fomento a las que tiene acceso y por las nuevas tecnologías.

Uno de los grandes problemas que enfrenta el cine latinoamericano es encontrar ventanas de distribución y espacios en las salas de cine para exhibir sus películas. Esta tarea es difícil, en especial si se considera que debe competir de igual a igual con gigantes de Hollywood. La productora chilena Paulina Obando tiene un su haber más de cinco largometrajes de ficción y el pasado año volvió a sus raíces con el documental Gringo rojo. Considera que los dramas, comedias u otros géneros que se producen en la región tienen que competir a la par con los estándares de la industria estadounidense y de otros países, lo cual es muy difícil.

Obando hace hincapié en que plataformas alternativas como Netflix o Vimeo on Demand, la televisión, festivales y salas alternativas le dan más aliento al documental para que no dependan exclusivamente de la disponibilidad de los cines. “Que un documental, a diferencia de la ficción, pueda mantenerse en las salas de cine es muy complejo. Sin embargo, otros tipos de plataformas te permite tener una difusión más amplia y por más tiempo. La ficción tiene una fecha de vencimiento mucho más acotada que documental”, agrega la productora chilena.

Schonfeld pone como ejemplo la etapa en el poder de los Kirchner, en la que, según explica, se dio apertura y una especie de “auge” en la televisión digital abierta a la producción documental. Dice que ahora con el macrismo, esas ventanas se han cerrado y ahora es “mucho más complicado”. Su solución: redireccionar o redescubrir esos espacios de exhibición.

Si bien Netflix y otros servicios similares han ayudado a darle espacio al documental, el director de La siesta del tigre dice que se necesita continuar produciendo películas que tensionen esa idea del documental clásico. “Hay que seguir insistiendo, ponerle cuerpo a los documentales creativos y que no nos acartonemos en el documental en formato de cuentito y empaquetado. Volverse irruptivo, es lo más importante”, dice Schonfeld.

Otro factor importante, según el periodista y crítico de cine argentino de la revista El Amante, Leonardo D’Espósito, pasa por educar a los públicos. Dice que se ha perdido la curiosidad de la audiencia por una imposición del sistema dominante de producción y exhibición. “La gente está acostumbrada a ver un solo tipo de películas. Por eso hay que actuar en la construcción o reconstrucción de audiencias y eso pasa definitivamente por la educación. No para obligar a la gente a ver documentales, pero sí para incentivar la curiosidad”, agrega el periodista.

D’Espósito dice que el cine documental siempre ha tenido un público restringido o ha tenido dificultades. Pone como ejemplo a Fahrenheit 9/11, el largometraje de Michael Moore sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE UU, como el único ejemplo de una producción de ese tipo con más de 100 millones de dólares de recaudación. “Es una barbaridad y pensás que una película mainstream cualquiera de mediano presupuesto hace 200 millones de dólares. Yo soy programador del Museo Nacional de Bellas Artes para cine y la verdad es que cuando programamos documentales, la fuerza que hay que hacer para traer al público es mayor”, explica D’Espósito.

Aún así, el crítico de cine dice que es más difícil para alguien que hace ficción presentar su película fuera de su país, a comparación de un director de un documental. “Justamente por eso, porque hay algo de curiosidad respecto a lo que el documental puede darte como novedoso, que le da un valor más, lo que no significa que tenga mucho público”, añade D’Espósito.

Balderrama es optimista respecto a las posibilidades del documental frente a las producciones hollywoodenses. El problema de financiamiento va a estar siempre, dice, porque son las leyes del mercado cultural y es algo más grande que escapa al realizador mismo. “En Hollywood hay muy buenos documentales, es una salida a una especie de ficción agotada. Se ha estancado, todo es remakes, películas de superhéroes, secuelas. Están metidos en una especie de súper trampa, que les da dinero pero que empuja al publico a buscar cosas frescas”, afirma la coordinadora del Festival A Cielo Abierto.

Uno de los problemas para Obando es que se copian los modelos estadounidenses de producción, cuando el documental permite encontrar otras vías de financiamiento. “Las estructuras que uno tiene que empezar a hacer funcionar, son nuevas maneras de cómo de poder financiar el trabajo que está haciendo y hacerlo por etapas. Nuestro producto, sea cual sea, tiene que tener un sello de identidad”, finaliza la productora chilena.

Fuente: El Pais

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